Historia de la familia de Jacob

Meditación sobre Génesis 37:1-36 por el A.I. José Antonio Velázquez
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Transcripción…

Lectura bíblica
Habitó Jacob en la tierra donde había morado su padre, en la tierra de Canaán. Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.
Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros?
Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?
Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto. Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.
Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando. Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán. Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle.
Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños. Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.
Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.
Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne.
Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José adentro, y se rasgó los vestidos. Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no aparece; y yo, ¿a dónde iré?
Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no. Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.
Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.
Y lo lloró su padre. Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.

En el capítulo que hoy nos corresponde estudiar Moisés en el versículo 1 nos ubica primeramente en  la tierra de Canaán  donde Dios ha dejado a Jacob, hoy Israel, disfrutando de las riquezas de está tierra pues apartó a Esaú llevándolo lejos donde no pudiera influenciar en el desarrollo y crecimiento del pueblo de Dios.

En seguida nos da el tema a tratar cuando dice: «Está es a historia de Jacob, José, siendo de la edad de 17 años ….» es decir nos vas hablar de cómo la divina providencia actúa en la vida familiar  de Jacob, siendo ahora el personaje principal designado por Dios José, en quien recaerá el proceso de  obra redentora del Creador.

Y nos describe primeramente a José como un Jovencito de 17 años quien por encargo de su padre vigilaba e informaba a Jacob de la mala conducta de sus hermanos, haciendo referencia en especial a los hijos de Bilha y Zilpa, sin excluir a los demás quienes también tienen fuertes resentimientos hacia José pues es notoria la preferencia de Jacob «al hijo de su vejez.»

  José ha sido distinguido desde la manera de vestir ya que su padre le mando confeccionar su vestuario de una manera muy personal haciéndole una túnica de diversos colores esto está fuera de lo común pues lo acostumbrado era que tal distinción se le diera al primogénito, también como hijo de su vejez sería Benjamín y no José.

Esto crea una gran enemistad entre  él y sus hermanos añadiéndole que era un informante de sus  malas conducta y por si fuera poco, José tenía sueños recurrentes dónde Dios le revelaba acontecimiento qué aún nadie comprendía.

En esta época  Dios se manifestaba a través de sueños donde comunicaba a su pueblo su voluntad y por si fuera poco José les contaba a sus hermanos sus sueños, dónde claramente se notaba qué él sería superior sobre cualquier miembro de su familia, haciéndolo insoportable ante sus hermanos.

La envidia llegó a ser tan grande que sus hermanos conspiraron la muerte de José echándolo a un pozo del cual milagrosamente libro la muerte, sin saberlo ni querer sus hermanos van a ser participes de los perfectos planes del Señor, pues la providencia de Dios a través de sus actos perversos creará las condiciones para que se cumpla el propósito qué tenía la vida de José.

La historia que Dios escribe no es tan sencilla ni mucho menos simple pues José fue vendido como esclavo y fue preso por buen tiempo, y probado en su fidelidad al Señor ya qué pareciera qué había sido abandonado y despreciado y qué sus sueños, los qué tanto molestaban a sus hermanos, nunca se cumplirían

El sueño que vino a desatar toda la ira fue cuando les contó que el sol y la luna y 11 estrellas se inclinaban ante él, es aquí donde su mismo padre le reprende ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿ Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti ? Gn.37:
Si le damos la interpretación de que el sol representa al padre, la luna a la madre, la cuál ya estaba muerta, y las 11 estrellas a sus hermanos, esto resulta ya insoportable ya que pone a su misma madre, muerta en reverencia ante él; para sus hermanos no cabe la menor duda de que hay que hacer algo como su misma muerte.

Y fue en Dotan donde se decidieron a matarle, primeramente, por unos de sus hermanos, echándolo en un pozo seco, y después, vendido como esclavo, y más tarde simulando su muerte ante su padre a quien le llevan sus vestiduras inconfundibles, llenas de sangre como prueba de su muerte.
Los hechos no son nada favorables para la preservación de la desendencia de Jacob, pues es tal su tristeza por perder a su hijo amado que pasa mucho tiempo en luto sin querer recibir consolación de sus otros hijos, esto seguramente los alteró y desánimo al percibir, quizás, qué no eran tan importantes.¿ Acaso Jacob estaba perdiendo de vista las promesas de su Señor? Su dolor lo estaba cegando y perdía de vista le promesa qué había recibido de ser padre de una gran nación, qué debía seguir guiando a su familia para ser el pueblo elegido para bendecir a todas las naciones.

Esto nos da a saber que las promesas del Señor no dependen de los hombres sino de la providencia de Dios, pues como vamos a ver a lo largo de la historia todas las adversidades que sufre José van ha ser de bendición para el cumplimiento de la obra redentora de Dios.

Todo lo que fue decretado por Dios se cumplirá por sobre de todas las adversidades, dándonos pruebas por anticipado de que en el Padre celestial nada es casualidad, todo es por su misericordia.

Sigamos con atención esta parte de la historia y analicemos también la historia que Dios ha escrito en nuestras vidas y como a pesar de nuestra resistencia Él nos ha llevado a su presencia de manera personal a cada uno de sus hijos, escribiendo una bella historia para cada uno de nosotros, aunque en el presente no lo parezca, pero solo Dios tiene el control de todo.

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