Volver, volver, volver

Con seguridad muchos de ustedes recuerdan que estas son las  palabras de una muy conocida canción mexicana, que habla de un ingrato amor humano, pero en este caso  sirven de introducción al  legítimo anhelo que los miembros de Berith de volver a cruzar los atrios de nuestro templo.

En estas semanas he recibido varias llamadas telefónicas en las que me han preguntado ¿Pastor cuándo vamos a volver a reunirnos en el templo? La semana pasada en una carta abierta presenté una posible fecha de apertura y mencioné las razones por las cuales hasta hoy hemos respetado las normas de confinamiento.

Pero entiendo la inquietud, y yo también quiero volver a  ver a los ojos a mis hermanos, a escuchar su voz, sin el timbre electrónico que deja la computación, y recuerdo, no sin añoranza los momentos de convivencia dominicales, las sonrisas francas, y hasta los reclamos y enojos.

Hermanos, todos guardamos en nuestro corazón el deseo legítimo de la convivencia, el congregarnos, y esto me hace recordar los sermones que hace unos meses predique fundamentados en los salmos graduales, con los que el pueblo hebreo cantaba y externaba los distintos sentimientos y necesidades que experimentaba al dirigirse a Jerusalén y el júbilo que sentía al ver a lo lejos la ciudad prometida.

En los meses pasados, en este año el amor de nuestro Salvador  nos ha resguardado en nuestros hogares, y también nos ha brindado los medios y ha puesto en nuestro camino a las personas y la tecnología que nos han permitido seguir en comunicación, no desdeñemos la oportunidad de sumarnos a los cultos, a la clases dominicales, a las sociedades, las reuniones de oración y a cada una de las actividades vía zoom que con gran esfuerzo hemos podido conjuntar.

Queridos hermanos cuando parece que en el horizonte ya se dibujan las costas que anuncian la llegada puerto y con ello el fin de esta tremenda travesía, los indicadores marcan que aún faltan algunas semanas para volvernos a ver, seamos pacientes sabiendo que estamos al resguardo de nuestro Salvador y que con esta certeza aguadaremos con dicha y esperanza el día en que físicamente nos volveremos a reunir.       

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.Hebreos 10:24-25
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