Transformados por su gracia

Meditación sobre Efesios 2:1-10 por el A.I. Nelson Daniel Miranda Giles
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Transcripción…

CDMX, viernes 23 de julio de 2021

Cuando nos encontramos con una persona a la que no hemos visto en mucho tiempo, nos sorprendemos al observar que no es la misma físicamente y en muchas ocasiones ha cambiado también en su forma de ser y de comportarse; También aún con las personas que vemos continuamente podemos decir que han cambiado con el tiempo, las experiencias en la vida nos cambian.

La biblia en 2ª Corintios 3: 18 nos dice:

18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Hermanos, los espejos tiene la capacidad de que al mirar un objeto a través de él lo vemos reflejado, el Espíritu de nuestro Dios trabaja en cada uno de nosotros transformándonos, de tal manera que cambia nuestras vidas, somos transformados mirando y reflejando la gloria del Señor. No solamente somos transformados al ver al Señor, sino también al reflejarlo en cada uno de nuestros actos.

En los versículos 1 al 3 del pasaje en Efesios 2 dice:

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

El Apóstol Pablo nos dice que no debemos olvidar de donde nos rescató Dios, el estábamos en pecado en estado de conformidad con este mundo, en una lastimosa condición, en peligro de muerte a causa de nuestros pecados, impíos, esclavos de Satanás obedeciendo los deseos de la carne y de los pensamientos, siguiendo la corriente del mundo.

Cuando se ha cometido un delito, es cuando hemos infringido la ley de Dios, hemos traspasado los límites, retando la voluntad de Dios. La idea detrás de la palabra pecado, es que hemos fallado, al no cumplir la ley de Dios. Por lo que somos hijos de desobediencia y de ira

En los versículos 4 al 5 leemos:

4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
Creo que nosotros no podríamos explicar porque Dios tubo misericordia de nosotros, lo que sí sabemos es que Dios por su gracia e infinito amor nos reconcilio con él por medio de nuestro señor Jesucristo.

No creo que Dios nos ame porque somos muy buenos o encantadores. Pero el amor de Dios es tan grande que aún a nosotros los que no somos tan agradables, que hemos fallado, al no cumplir la ley de Dios, que somos hijos de desobediencia y de ira; nos amó tanto, que envió a su hijo, a Cristo Jesús a salvarnos.

En los versículos 6 y 7 del pasaje dice:

6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Éramos pecadores perdidos, distanciados de Dios, pero aun así nos amaba. Como leemos en Juan 3: 16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

Solo por su gracia. Si la gracia que salva es por su gracia, su bondad; es el libre favor inmerecido que Dios nos da; Él nos salva, no por las obras de la ley, sino por la fe en Cristo Jesús. La gracia en el alma de cada creyente, es una vida nueva transformada porque el Espíritu de Dios que mora en cada uno de nosotros.

En Filipenses 3: 20 nos dice «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”

Hermanos, con Cristo estaremos en lugares celestiales alabando y bendiciendo a nuestro señor, nuestras almas santificadas se sentarán en los lugares celestiales, elevadas por la gracia de Dios que es por la fe en Cristo.

En los versículos 8 al 10 del pasaje leemos:

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

El Apóstol Pablo nos aclara que la salvación no es algo que nosotros como humanos con nuestras limitaciones, pudiéramos obtener, solo por la gracia infinita de Dios, es que somos salvos.

Él nos resucitó espiritualmente elevándonos a las regiones celestiales con Cristo Jesús; y algún día estaremos con el ahí alabando a nuestro Dios.

La salvación no depende de nuestras propias fuerzas, obras o mérito. Aquí dice por gracia sois salvos. Solo por gracia de Dios. Es un favor concedido, un regalo, un don que Dios nos dio a quienes no éramos dignos de él, y que no lo merecíamos.

Es por la gracia de Dios que fuimos apartado para ser santos y es su Espíritu el que actúa en nosotros y es por medio de la fe en Cristo que somos transformados por gracia, adoptados y venimos a ser parte de la familia de Dios.

Hermanos, el Espíritu Santo produce tal cambio en nosotros que transforma nuestra forma de ser y de pensar para que glorifiquemos a Dios con nuestras acciones, con nuestro buen testimonio y nuestra perseverancia en la santidad.

A. I. Nelson Daniel Miranda Giles.

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