Voy a pescar

“Voy a pescar”.

Estas son palabras de Pedro (Juan 21:3). Es natural que lo dijera, después de todo era pescador. Sin duda, lo había dicho muchas veces en su vida. Pero, aun con los dichos más usuales y más comunes, dependen mucho de cuándo y en cuales situaciones se dicen. El momento en que se dicen los dichos es un factor importante para captar su sentido e interpretarlos bien. No es raro el hecho de que estas palabras las pronunciara Pedro. Lo que nos llama la atención es cuando las dijo, y bajo cuáles circunstancias.

Pedro está en el mar de Galilea, Jesús se manifestó a los discípulos, incluyendo a Pedro, en el Mar de Tiberias” (Tiberias es una ciudad sobre el Mar de Galilea, y el mar frente a esta ciudad se llama el “Mar de Tiberias”, pero es el mismo Mar de Galilea). Había por lo menos siete de los discípulos allá. No sabemos cuánto tiempo antes Jesús se había manifestado a ellos, pero el punto importante es que estos discípulos, inclusive Pedro, sabían que Jesús vivía, lo habían visto vivo después de haberlo visto muerto.

Pedro, el líder nato, junto con los otros discípulos, oyó las enseñanzas de Jesús, de Jesús mismo. Es como si hubiera hecho toda una carrera de teología con Jesús. Escuchó, de los labios de su Maestro, las profecías, predicciones y explicaciones acerca de la tarea del Mesías. Fue testigo ocular de los milagros de Jesús, incluyendo el que hizo con su suegra. Estuvo presente, junto con otros, en la trasfiguración. Se había llenado de remordimiento y constricción por haber negado a su Señor, y arrepentido lloró amargamente. También éste es el Pedro que dijo que quería hacer tres “enramadas” para la trasfiguración y asimismo el que había dicho “Tú eres el Cristo”.

Y ahora este Pedro, después de más de los tres años del tutelaje de Jesús, después  de atestiguar los milagros y escuchar todas las parábolas , y después de verle a Jesús juzgado, crucificado y resucitado, todavía no había caído en la cuenta de que había de haber cambios en su vida. Después de todo esto, pensaba regresar a sus antiguos trabajos y hábitos. Es como si dijera “Ya estuvo, voy a pescar”. Casi como si nada hubiera pasado, como si se pudiera regresar a lo de antes.

Indudablemente, para Pedro (y los  demás discípulos) los años fueron impresionantes, las experiencias conmovedoras y las lecciones inolvidables, pero ya era tiempo de regresar a la cruel realidad.

Ya es tiempo de volver a lo normal, a la vida del trabajo y las faenas de cada día. Es casi como si quisiera poner en práctica el dicho mexicano “en este pueblo no pasa nada”.

Es como si se pudiera olvidar todo lo que había pasado y volver sin cambios a lo anteriormente acostumbrado. Sin embargo, nos cuesta trabajo pensar esto de Pedro y de los otros discípulos. No obstante, tenemos que pensarlo de Pedro y de los otros que dieron “vamos nosotros también contigo”, Es como si su pensamiento fuera “fue bueno mientras duraba”, pero ya que se acabó todo, al trabajo.

Aunque no fueron mexicanos, eran seres humanos como nosotros. Nosotros también tomamos la Semana Santa (y toda la historia del evangelio, como algo que pasó, pero ahora tenemos que seguir con la vida. Ya estuvo la Semana Santa, y ahora regresamos a lo de antes, como si no hubiera pasado nada.

Jesús en este mismo contexto, hace otro milagro, lo de los peces, y luego, vuelven a llamar a Pedro, triplemente, al ministerio, y a los otros discípulos. También a nosotros.

Editorial Publicado 19 de abril de 2009, en el boletín Buen Oleo, Iglesia Nacional Presbiteriana

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