Bienvenidos, los hermanos en la fe nos gozamos al decir ¡bienvenidos!

Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.
Nuestros pies estuvieron Dentro de tus puertas, oh Jerusalén.
Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. Salmo 122-1:3

Sirvan las primeras palabras de este himno tradicional y  que hace tiempo se cantaba para recibir a las visitas, a los nuevos miembros en plena comunión o bien a los hermanos que se reintegraban a la congregación no solo para dar el título a nuestro editorial sino para recibir con júbilo, gozo y alegría a las personas que hoy son las primeras en reintegrarse al primer culto presencial que celebramos en Berith, después de 19 meses de confinamiento.

Por otra parte, el Salmo 122 cuyas primeras líneas encabezan este escrito, forma parte de los 15 Salmos llamados “De Acenso Gradual” que van desde el números 120 al 134, es importante señalar que cada uno , para identificarse en su comienzo mantiene la palabra hebrea “ma’alah” que describe un movimientos ascendente por lo que eran entonados cuando en su peregrinar, el pueblo vislumbraba, posiblemente en lo alto de una colina, las puertas de la ciudad de Jerusalén, hoy podemos volver a entonar este Salmo puesto que después de vivir un tiempo en el que todo ha sido cuesta arriba,  hoy  hemos  vuelto a cruzar los atrios de nuestro templo con júbilo y agradecimiento, y no solo agradecimiento por estar aquí presentes sino porque nuestro Dios nos ha preservado en todo este tiempo de incertidumbre y zozobra:

Amo a Jehová, pues ha oído ¡mi voz y mis súplicas;
Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días.
Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol;
Angustia y dolor había yo hallado.
Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: ¡Oh Jehová, libra ahora mi alma!Salmo 116

Gracias al Señor porque en el tiempo de angustia siempre estuvo con nosotros y proveyó de los recursos para mantenernos unidos a través de la tecnología, y si el propósito del enemigo era desarticular nuestra congregación, como decía uno de esos muchos correos que se enviaron a nuestros teléfonos, no solo nos fortalecimos sino que en la casa de cada uno de los creyentes se estableció una fortaleza de oración.

Podemos reunirnos nuevamente en un número reducido guardando los cuidados y medidas de salud recomendadas, pero esperemos nuevos tiempos en los que, confiando en nuestro Dios, todos juntos nos unamos en alabanza al Señor.

En un editorial anterior ya tuve la oportunidad de externar mi agradecimiento, pero nunca sobra el darlo una vez más. Gracias a los oficiales por su trabajo, a las organizaciones su constancia, a la congregación su fidelidad en sus ofrendas y diezmos, a  los hermanos que a través de sus llamados telefónicos, sus WhatsApp, y sobre todo sus oraciones mantuvieron y fortalecieron las redes de amor, a los que sus voces nos alentaron con su canto, un tiempo terrible sí, pero hemos salido fortalecidos y hoy podemos decir al unísono:

“Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.
Nuestros pies estuvieron. Dentro de tus puertas, oh Jerusalén.
Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí.
Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel,
Para alabar el nombre de Jehová.
Porque allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David.
Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman.
Sea la paz dentro de tus muros Y el descanso dentro de tus palacios.
Por amor de mis hermanos y mis compañeros diré yo:
La paz sea contigo. Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios
Buscaré tu bien. Salmo 122

En ésta ocasión cerraré estas líneas diciendo a voz en cuello:

¡Sean todos bienvenidos a la Casa del Señor!


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