Iglesia Nacional Presbiteriana
En esta meditación sobre Mateo 6:9, reflexionamos en la primera petición del Padre Nuestro: “Santificado sea tu nombre”. Jesús nos enseña que nuestras oraciones deben comenzar poniendo a Dios en primer lugar, reconociendo su santidad, su gloria y su majestad.
La santidad de Dios es uno de los atributos más exaltados en la Biblia. Cuando oramos esta petición, pedimos que el nombre de Dios sea conocido, respetado, honrado y glorificado en nuestras vidas, en la iglesia y en el mundo. Santificar su nombre implica vivir de tal manera que nuestras palabras, pensamientos y acciones reflejen reverencia hacia Él.
El estudio también destaca que esta petición tiene un sentido imperativo: que el nombre de Dios sea santificado ahora mismo. Se nos recuerda que muchas veces la gloria de Dios es opacada por nuestra ingratitud o conducta, por lo que debemos pedir diariamente que su nombre sea exaltado y que toda profanación y maldad cesen.
Que cada una de nuestras oraciones incluya esta petición: “Santificado sea tu nombre”, dando a Dios el honor y la reverencia que le pertenecen.
El evangelio no es solo para que los incrédulos puedan llegar a Cristo, sino que es para toda la vida, llevándonos a obedecer y caminar en santidad, en dependencia del Espíritu Santo. Necesitamos, entonces, definir claramente el evangelio, si queremos entender su centralidad e impacto en nuestra vida. La proclamación nos ayudará a conocer mejor este evangelio que amamos y predicamos, y cómo se aplica en nuestra vida diaria.
ORDEN DE CULTOCulto Familiar Vespertino 17 de Mayo, 2026 – 18:30 hrs Preludio *Himno #63 «¡Alabad al gran Rey!»*Llamamiento a
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