En Mateo 7:7-11, Jesús nos llama a pedir, buscar y llamar con perseverancia, confiando en que el Padre escucha a sus hijos.
Como un buen padre, Dios da lo que nos conviene; a veces concede lo pedido y otras cierra puertas por amor y sabiduría.
Debemos pedir no solo bienes materiales, sino sobre todo al Espíritu Santo, cuyo fruto se expresa en amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
La invitación es a orar sin desmayar y recibir con gratitud tanto el “sí” como el “no” de Dios.
El evangelio no es solo para que los incrédulos puedan llegar a Cristo, sino que es para toda la vida, llevándonos a obedecer y caminar en santidad, en dependencia del Espíritu Santo. Necesitamos, entonces, definir claramente el evangelio, si queremos entender su centralidad e impacto en nuestra vida. La proclamación nos ayudará a conocer mejor este evangelio que amamos y predicamos, y cómo se aplica en nuestra vida diaria.
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