Pablo finalmente llega a Roma y ve cumplida la promesa del Señor: testificar también allí acerca de Cristo. Aun preso y encadenado, sigue anunciando con libertad el Reino de Dios y la salvación en Jesús, recordándonos que ninguna adversidad puede detener el avance del Evangelio.
El evangelio no es solo para que los incrédulos puedan llegar a Cristo, sino que es para toda la vida, llevándonos a obedecer y caminar en santidad, en dependencia del Espíritu Santo. Necesitamos, entonces, definir claramente el evangelio, si queremos entender su centralidad e impacto en nuestra vida. La proclamación nos ayudará a conocer mejor este evangelio que amamos y predicamos, y cómo se aplica en nuestra vida diaria.
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