En esta meditación basada en Mateo 6:19-21, Jesús nos confronta con una pregunta que revela la condición de nuestro corazón: ¿estamos acumulando tesoros en la tierra o en el cielo?
Descubriremos que el Señor no condena el trabajo, el ahorro ni las posesiones, sino el materialismo y la idolatría que convierten las riquezas en el centro de nuestra vida. Todo aquello que ocupa el lugar de Dios termina dominando nuestro corazón.
También aprenderemos qué significa hacer tesoros en el cielo: desarrollar un carácter semejante a Cristo, crecer en la fe, amar a los demás, compartir el evangelio y usar nuestros recursos para la gloria de Dios. Estas son inversiones eternas que jamás se perderán.
Jesús concluye con una verdad que transforma la vida: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.»
Una invitación a examinar nuestras prioridades y a vivir buscando primero el Reino de Dios.
El evangelio no es solo para que los incrédulos puedan llegar a Cristo, sino que es para toda la vida, llevándonos a obedecer y caminar en santidad, en dependencia del Espíritu Santo. Necesitamos, entonces, definir claramente el evangelio, si queremos entender su centralidad e impacto en nuestra vida. La proclamación nos ayudará a conocer mejor este evangelio que amamos y predicamos, y cómo se aplica en nuestra vida diaria.
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