Date prisa, hoy es el día – Lucas 19:1-10

Meditación sobre Lucas 19:1-10 por el A.I. Nelson Daniel Miranda Giles

CDMX, viernes 26 de marzo de 2021

Cuando caminamos por las calles de nuestra ciudad en muchas ocasiones, nos apartamos de aquellas personas que son diferentes a la mayoría también solemos desconfiar de los que no tienen buena apariencia o porque no nos gusta el tipo de trabajo que realizan.

Aunque muchas veces no lo aceptamos hacemos acepción de personas.

En el libro de Hechos 10: 34 y 35 dice:

34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.

Dios nos ama sin hacer diferencias, el apóstol Pedro lo menciona y hace énfasis en Dios se agrada de aquellos guardan su palabra y andan en sus caminos.

En el primer versículo de nuestro pasaje en Sn. Lucas 19:1 leemos:

1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.

Jesús había salido de Samaria y en su camino a Jerusalén, decidió desviarse un poco y pasar a la ciudad de Jericó, una antigua ciudad de Palestina que era un importante centro de comercio de dátiles y balsámicos, algunos historiadores la llamaban la ciudad de las palmeras. Jesús decidió pasar caminando por la ciudad.

En el versículo 2 del pasaje leemos:

2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,
Romanos contrataban publícanos para recabar los impuestos de un pueblo o una determinada región. Para tener esta concesión tener o negocio los publícanos tenían que pagar una tarifa o concesión.

Zaqueo para el jefe de los publicanos de Jericó. seguramente había subcontratado a otros publícanos para que le ayudaran a recolectar los de impuestos de toda la ciudad.

Lo que se prestaba a abusos pues cobraban más de lo que era justo, en general sacaban el pago del impuesto más sus gastos más una generosa ganancia.

Si por alguna razón los ciudadanos se rebelan contra el publicano, los soldados romanos están listos para defender al publicano.

Los judíos desprecian a los publícanos por ser unos mercenarios y ladrones, en general eran aborrecidos y se les reconocía como pecadores. El nombre de Zaqueo en hebreo significa «puro, justo, inocente». Que contraste con lo que hacía en su profesión.

Zaqueo era un hombre muy rico, pero a los ojos de los demás judíos era un pecador que estaba a servicio del imperio Romano.

En los versículos 3 y 4 del pasaje leemos:

3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.
4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
Zaqueo tenía curiosidad de conocer a Jesús, pero debido a su limitación física y a la multitud de personas, Zaqueo no lo alcanzaba a ver, estaba desesperado, él quiere ver a Jesús.

Él nunca se ha detenido por pensar que por su estatura puede ser un impedimento para lograr sus metas o hacer ciertas cosas. Su trabajo como jefe de los publicanos exige darse su lugar y que las personas lo respeten debido a la dignidad de su cargo o autoridad.

Pero en esta situación no se lo piensa más y exponiéndose a recibir un coscorrón o un codazo u otra cosa peor se abre paso entre la multitud y sin pensarlo más se sube a un árbol sicomoro para ver a Jesús, exponiéndose a quedar en ridículo, pero no le importo llamar la atención, ni la incomodidad, él desde su puesto puede observar claramente que Jesús se acerca.

En los versículos 5 y 6 del pasaje leemos:

5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.

Zaqueo quería estar cerca de Jesús, se arriesgó subiendo a un árbol para verlo de cerca, hizo todo lo que tuvo a mano para ver a al salvador, sobresalió literalmente entre toda la multitud y Jesús lo vio y lo reconoció, lo llamo por su nombre. Zaqueo baja de ese árbol porque voy contigo voy a tu casa. Jesús había ido a Jericó porque era necesario posar en casa de Zaqueo.

Que sorprendido debió estar Zaqueo al escuchar a Jesús llamarlo por su nombre, y aún más al escuchar que debía apurase porque Jesús estaría en su casa, que privilegio, que honor.

El un publicano, un pecador como él recibir a Jesús en su casa, platicar con él, debía apresurarse y preparar todo, el lugar la comida y compartirla con Jesús y los que lo acompañaban, estaba muy, pero muy contento de recibir a Jesús.

En los versículos 7 y 8 del pasaje leemos:

7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.
8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.

Los que casi siempre vigilaban a Jesús eran los fariseos, pero en esta ocasión todos se quejaron de que Jesús le había entrado a la casa de Zaqueo, un publicano, un pecador.

Pero la visita de Jesús tenía un propósito y provoco un cambio en la conducta de Zaqueo, quien puesto en pie reconoce públicamente que ha robado y hace una promesa que no se ha visto en otro lado, da la mitad de todo, de todo lo que tiene lo da a los pobres y dará cuatro veces lo que ha tomado o que defraudo a la persona. Todos los que lo escucharon esto estaban sorprendidos.

Zaqueo demostró su gratitud por recibir a Jesús en su hogar, y trata de responder a la presencia del Salvador, está realmente arrepentimiento de su manera de vivir y lo demuestra con hechos.

En los versículos 9 y 10 del pasaje dice:

9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Cuando Jesús declara “ha venido la salvación a esta casa”. Jesús no solo salva a Zaqueo.

El no solo recibió a Jesús en su casa también lo recibió en su corazón y esto transformo su formo su vida, la de toda su casa vida, y beneficio a toda la población al repartir Zaqueo entre los pobres la mitad de su fortuna y restituye a quienes ha defraudado.

La vida de la comunidad es transformada por la presencia de un publicano en quien ahora pueden confiar. El publicano tan odiado por sus hermanos judíos, Jesús lo restituye como un hijo de Abraham.

Hermanos, Zaqueo mostró su fe por medio de sus obras. Jesús había cenado con él y su vida había cambiado.

En Apocalipsis 3:20 dice:

20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Hermanos, Jesús llama a nuestra puerta, date prisa, hoy es el día y reconoce que, no podemos hacer nada para salvarnos, solo Jesucristo puede transformar nuestra vida y la de todos los que nos rodean, solo su misericordia y la gracia de Dios que es en Cristo nos pueden salvar.

A.I. Nelson Daniel Miranda Giles.

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