Destruyendo el Templo – Efesios 2:20-22
Meditación bíblica sobre Efesios 2:20-22 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La carta de Pablo a los Efesios, enfatiza la unión de todas las cosas en Cristo Jesús, ya que él es quien quita las barreras que nos separan de Dios y nos separan unos de otros.
En el capítulo 2 de su carta a los Efesios, Pablo habla de la iglesia -la comunidad de creyentes- y se refiere a ella como un «templo santo».
Lo dice de la siguiente manera:
Efesios 2: 20-22
"Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu."
Dios nos está edificando juntos y hemos oído esto muchas veces, ya que es una enseñanza que encontramos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Dicho de diferentes maneras, pero siempre la misma idea: Dios nos está edificando juntos.
Sin embargo, es importante que tengamos en mente el propósito de Dios al decírnoslo.
Es decir, ¿Por qué está construyendo un edificio con nosotros?
En la primera carta de Pedro, encontramos la respuesta.
1 Pedro 2:5 dice lo siguiente:
“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”
Ofrecer sacrificios -como lo hemos dicho en videos anteriores- es algo que se llama ADORACIÓN.
Los lectores originales de la carta a la Efesios, tenían siempre muy presente esta figura de los sacrificios, ya que en esa época aun se ofrecían sacrificios en el Templo (en Jerusalén), un poco antes de que fuera destruido en el año 70.
Entonces a nosotros, siendo parte de Su pueblo, Dios nos está edificando juntos en un edificio es para que podamos adorarle.
Ese edificio, siendo el Templo de Dios, debe construirse de acuerdo a sus instrucciones, de lo contrario los sacrificios espirituales no podrán ser realizados.
Las piedras con las que está siendo construido, deben estar unidas (porque dice: «juntamente edificados»)
Eso nos debe ayudar a entender, que si nuestras relaciones entre nosotros están en desorden, entonces el edificio no servirá para aquello para lo que fue hecho (para adorar a Dios).
Debemos ver como andan nuestras relaciones con nuestros hermanos en la fe.
En la primera carta de Pablo a los Corintios, podemos leer:
1 Corintios 3:16-17
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”
La palabra griega que se usa aquí para destruir el templo (φθείρω fdseíro) significa literalmente «corromper» o «estropear».
Estropeamos o corrompemos la unidad de la iglesia cuando tenemos actitudes negativas hacia nuestros hermanos en Cristo.
Con ello estamos destruyendo el templo en el que el Señor está construyendo con nosotros.
Podemos destruir el templo sin saberlo -aunque no sea nuestra intención- al albergar resentimientos y otras actitudes negativas hacia los demás.
Por otro lado, no es necesario que estemeos totalmente de acuerdo en todo, como nuestras opiniones, gustos, etc.
Sabiendo esto, el Señor Jesús, dijo:
Juan 13:35
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
La doctrina o enseñanza es de suma importancia. Es imperativo que nosotros, como comunidad de creyentes, sepamos lo que creemos y por qué lo creemos, basados firmemente en la Palabra de Dios y estemos de acuerdo en ello; sin embargo, el tener entre nosostros un acuerdo doctrinal perfecto no es el punto central.
Recuerden que Jesús no dijo que la gente sabrá que somos sus discípulos «por que estamos totalmente de acuerdo en todo», sino por el amor que tenemos unos con otros como parte de la iglesia.
También en 1 Corintios 13:2 encontramos estas palabras:
“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.”
Ahora viene la pregunta:
¿qué tiene que ver todo esto con la adoración?
Jesús nos dijo:
Mateo 5:23-24
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”
Antes de que podamos adorar, debemos asegurarnos de que nuestras relaciones con los hermanos estén en orden.
El apóstol Juan lo dice con palabras más fuertes:
1 Juan 4:20
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”
Dice que si no amamos a nuestro hermano, no podemos amar a Dios.
Si nuestras relaciones entre nosotros no están en el orden correcto, entonces no podemos tener una relación con Dios.
Debemos tener cuidado de no destruir el templo que Dios ha construido con nosotros, colocándonos como piedras sobre los cimientos que son nuestra relación con Dios.