CONTINUIDAD / DISCONTINUIDAD

El tiempo tiene la costumbre de manejar dos opuestos al mismo tiempo. Es la paradoja inherente en la naturaleza del tiempo mismo. Un día sigue al otro día en un flujo constante, como la corriente de un rio y, al mismo tiempo, cada día tiene sus características únicas que hace que cada día se distingue del otro día. No importa si el otro día es antes o después, el otro día siempre es diferente y singular. Y esto, aunque los días son tan similares que casi son idénticos, y difíciles de distinguir.
El año nuevo es cuando, en nuestros “usos y costumbres”, hacemos énfasis en la discontinuidad. Cambiamos el calendario, y tenemos que recordar poner la fecha correctamente, cuando escribimos cheques o firmar documentos, porque algunos de nosotros seguimos escribiendo el año anterior hasta febrero. Aún los modelos de automóviles se marcan con su año, y en lugar de decir nuestra edad, decimos que somos del 45 (o del 30, del 56, del 87, etc.) Todo esto da énfasis sobre la discontinuidad del tiempo.
Hoy, en el primer domingo del 2024 (en el original 2007) celebramos la primera Santa Cena del año, y de una manera especial hacemos énfasis sobre ésta característica del tiempo, la continuidad/discontinuidad. Ésta ordenanza muestra bien cómo avanza la historia que Dios dirige, donde vemos claramente la paradoja de continuidad. El método nuevo predomina. La Santa Cena es un nuevo sacramento; la Pascua ya terminó, y la Cena del señor tomó su lugar. La Santa Cena no es una continuación de la Pascua; más bien la reemplaza. Ninguna Pascua se hizo “en memoria de Él”, tampoco podemos hacerla “en memoria de Él”. Simplemente, no podemos, como cristianos celebrar la Pascua. Sin embargo, Jesús mismo nos mandó celebrar la Cena del Señor. Dijo: Haz esto en memoria de mi”. Agregó, en relación con la copa” ésta copa es el nuevo pacto en mi sangre”.
Las ceremonias del Antiguo Testamento eran “figuras de las cosas celestes”, o “figura del verdadero” (Hebreos 9:23.24), “sombra” y no la imagen misma” (10:1), y por eso, “cesarían de obedecer”. Ya no celebramos los sacrificios de ofrecerse”. Ya no celebramos los sacrificios del Antiguo Testamento, incluyendo la Pascua, pero si celebramos el sacrificio, hecho una vez para siempre irrepetible, por lo cual entramos en la presencia de Dios, en el lugar santísimo, con corazón sincero (Hebreos 10:24).
La Santa Cena muestra bien el manejo de Dios de la historia: momentos nuevos (discontinuos) en el desarrollo continuo del plan de Dios, nunca olvidando que celebramos el nuevo pacto en su sangre.

Iglesia Nacional Presbiteriana Berith, boletín Buen Óleo, domingo 7 de enero 2024

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