LLAMADO A UN SERVICIO GENUINO – 2ª Corintios 4:1-2
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Meditación bíblica sobre 2ª Corintios 4:1-2 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
El apóstol Pablo escribe:
Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. 2ª Corintios 4:1-2
La misericordia de Dios como fundamento de nuestro servicio
Este pasaje nos recuerda que el ministerio que hemos recibido no es fruto de nuestro mérito, sino de la misericordia de Dios. Y precisamente porque proviene de Él, no tenemos razón para desanimarnos.
Más que un simple servicio, una tarea encomendada
Antes de continuar profundizando en este pasaje, es importante comprender que la palabra “ministerio” utilizada aquí proviene del griego διακονία (diakonía), que significa servicio. Sin embargo, no se refiere a cualquier tipo de servicio, sino a una labor especial que nos ha sido confiada directamente por Dios.
Dejar atrás el miedo y centrarse en la autoridad y amor de Cristo
En el nuevo pacto, los conflictos internos —como el miedo, la tensión, la hostilidad, la incompetencia o la vergüenza— hallan respuesta cuando reconocemos la autoridad de Jesucristo en nuestra vida y descansamos en su amor. Al poner a Cristo en el centro, somos liberados de cargas innecesarias y podemos servir con plenitud, enfocados en la misión que Él ha puesto delante de nosotros.
Los desafíos y fracasos son oportunidades de crecimiento
Pablo se refiere a un ministerio donde los velos son quitados cuando volvemos constantemente nuestro corazón a Dios. El Espíritu Santo revela el carácter de Cristo en áreas cada vez más amplias de nuestra vida.
Sin duda, experimentaremos fracasos, pero estos serán solo tropiezos temporales. Dios desea que veamos nuestros errores como oportunidades para aprender, crecer y ser restaurados en Su fortaleza, porque Su misericordia nos levanta y nos impulsa a seguir adelante.
Dos actitudes frente al ministerio
Para cumplir con este ministerio (la tarea de servir que Dios nos ha encomendado) hay dos acciones que debemos considerar. Pablo las contrasta claramente: una es negativa, aquello que debemos dejar de hacer; la otra es positiva, lo que debemos comenzar a practicar.
Renunciar a lo oculto y vergonzoso
¿Qué debemos dejar de hacer?
Debemos renunciar a lo oculto y vergonzoso, al engaño y a la manipulación de la Palabra.
El primer siglo, sorprendentemente, no era tan distinto al nuestro. En la época de Pablo, muchos sentían la presión de mostrar resultados inmediatos y visibles para aparentar ser exitosos en su ministerio. No importaba si el ministerio era público o privado: el éxito se medía por señales tangibles de logro. Por ello, algunos recurrían a lo que Pablo llama métodos ocultos y vergonzosos con tal de alcanzar los resultados que deseaban.
Pablo, sin embargo, decidió apartarse de esos caminos que seguramente impresionarían a la gente. Para un ministro genuino del nuevo pacto, eso no era necesario. Se negó a recurrir al engaño, algo que, evidentemente, muchos hacían en su tiempo. La astucia a la que se refiere implica estar dispuesto a intentar cualquier cosa, reflejando una falta de principios. En un contexto de manipulación religiosa, esto casi no requiere explicación: se trata de buscar la conveniencia y justificar los medios por los supuestos buenos fines que se obtienen.
También hubo quienes manipularon la Palabra de Dios. No se trataba de que alteraban el texto bíblico, porque en ese entonces había muy pocas copias disponibles, sino que distorsionaban su significado o lo aplicaban de manera incorrecta. Probablemente consistía en enseñar solo una parte de la verdad, sin transmitir el mensaje completo. Hoy, muchas sectas emplean este mismo recurso, causando confusión y daño a muchos. Aunque suene bíblico, en realidad es una manipulación sutil y retorcida de la Palabra de Dios.
Proclamar la verdad con honestidad
Ahora, ¿Qué debemos hacer?
Proclamar la verdad de manera abierta y transparente. La verdad en Cristo es tan poderosa, tan universal y relevante, que no necesita adornos ni trucos psicológicos para apuntalarla y hacerla efectiva o interesante. Es el mensaje más cautivador porque toca lo más profundo del ser humano
El propósito final es la transformación integral del ser humano
El objetivo de Pablo es claro: llegar a la conciencia de cada persona. En otras palabras es buscar captar al hombre en su totalidad: cuerpo, alma y espíritu, mental, emocional y volitivamente. No busca un mero acuerdo superficial ni una emoción pasajera, sino despertar en cada corazón la certeza de que seguir a Jesús es lo correcto, lo real y lo único que conduce a la plenitud. Este proceso no exige resultados inmediatos y visibles; requiere paciencia: se contenta con sembrar la semilla y esperar que crezca en el tiempo de Dios.
Confianza y paz al reconocer la soberanía y provisión de Dios
Finalmente, todo ministerio se realiza bajo la mirada de Dios. Él observa, evalúa y corrige. Y porque todo proviene de Él, también es quien provee los recursos y el poder para que el ministerio sea eficaz. Los resultados no dependen de nosotros, sino de Dios. Esa verdad nos da serenidad y paz: somos instrumentos en sus manos.
