EL MEJOR PUNTO DE INICIO – MARCOS 1:1-4
ESCUCHAR PODCAST:
Meditación bíblica sobre MARCOS 1:1-4 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.Como está escrito en Isaías el profeta:
He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.” Marcos 1:1-4
Este fue el punto de inicio del Evangelio.
Juan el Bautista proclamó un mensaje poderoso y sencillo: el arrepentimiento es el camino por el cual las personas se acercan a Dios, y el fruto de ese camino es el perdón de los pecados. No existe bendición más grande para el ser humano que saber que sus pecados han sido perdonados.
Para quienes vivían en su época, esto significaba experimentar una paz interior y una sensación de reconciliación, tanto consigo mismos como con Dios. Personas de distintas partes, incluyendo Jerusalén, acudían a escuchar a Juan porque anhelaban ese alivio y esa oportunidad de sanar sus corazones. Lo que encontraban era precisamente eso: perdón, y un corazón reconciliado con Dios.
El profeta Isaías, quien vivió muchos siglos antes, había anticipado que alguien tendría un papel especial preparando a las personas para recibir a Dios. Isaías lo describía como si se estuviera construyendo un camino en medio de un terreno difícil y deshabitado, como un desierto. Esa imagen representa la idea de que, para que alguien pueda ser rescatado o ayudado en un lugar apartado, primero hay que crear un acceso, un camino por el cual pueda llegar la ayuda. Juan el Bautista cumplió ese papel: fue como una maquinaria poderosa que, con su mensaje y su ejemplo, despejó obstáculos y abrió la posibilidad de que las personas recibieran la presencia de Dios en sus vidas, sin importar lo alejados o desconectados que se sintieran. Así, Juan preparó el terreno para que, posteriormente, llegara Jesús y las personas pudieran experimentar una relación más cercana con Dios.
Cuando eso sucede, Dios llega. El arrepentimiento abre espacio para su presencia.
Juan condujo a la gente a Cristo de la única manera posible: reconociendo la culpa. Y cuando una persona viene así, Dios la encuentra, la limpia y la perdona. El bautismo de Juan simbolizaba esa realidad.
Pero no podemos perder de vista que Juan el Bautista anunció un bautismo mayor que el suyo, que consistía en ser bautizados con Espíritu Santo y fuego, a diferencia de su bautismo de agua para el arrepentimiento, y señalaba a Jesús como el que realizaría esta nueva y superior purificación espiritual, preparando así el camino para el Reino de los Cielos.
Veamos lo que decía Juan en Mateo3:11
Yo bautizo con agua a los que se arrepienten de sus pecados y vuelven a Dios, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.
Esta profecía apunta directamente al día de Pentecostés que se describe en Hechos 2. En ese momento, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y sobre la iglesia con “lenguas como de fuego”.
De esta manera, el bautismo de Jesús se convierte en el fundamento de nuestro propio bautismo con el Espíritu Santo. Jesús actúa como nuestro representante.
Fue nuestro representante cuando Juan lo bautizó; también al cargar con nuestros pecados en la cruz; y también al resucitar. Al hacerlo otorgó una nueva vida de resurrección a todos los que le pertenecen.
A través de Jesús, el cielo se abre para darnos acceso y comunión con Dios Padre. Recibimos el Espíritu Santo cuando ponemos nuestra fe en Cristo. Escuchamos la voz del Padre que nos llama hijos en unión con su Hijo y que se complace en nosotros porque se complace eternamente en Él.
Cuando el Espíritu de Dios descendió, Dios nos trajo dos dones inseparables: el perdón de los pecados y la promesa del Espíritu.
Desde entonces, Dios ofrece estos regalos a todo aquel que comienza en el mismo punto: el arrepentimiento. Es el mejor punto de inicio para este nuevo año.
