PABLO EN EFESO – Hechos 19:1-10

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Meditación bíblica sobre Hechos 19:1-10 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

El día de hoy retomaremos las meditaciones del Libro de los Hechos.

Anteriormente hablamos de cómo Aquila y Priscila llevaron a Apolos a tener un conocimiento más profundo de Jesucristo. Así Apolo finalmente fue de mucha ayuda en el ministerio, trabajando fielmente en Corinto.

Ahora hablaremos de Pablo en Éfeso, número 35, y para esto daremos lectura a Hechos 19:1-10. Dice así:

Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres. Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.” Amén. Hasta ahí la lectura.

Cuando Pablo hace esta pregunta, ¿recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Pablo estaba dando por sentado que eran creyentes. Sin embargo, notó que no daban muestras de que el Espíritu Santo habitara en ellos, pues su respuesta reveló lo vaga e incierta que era su fe, pues ni siquiera sabían que el Espíritu Santo había sido dado.

Como discípulos de Juan el Bautista, sabían que había un Espíritu Santo, y que un día bautizaría al pueblo de Dios. Pablo percibió que estos hombres no tenían el testimonio del Espíritu Santo en sus vidas, y que, por consiguiente, no eran convertidos. A lo largo del Libro de los Hechos, la experiencia bautismal de un creyente apunta o señala a su experiencia espiritual.

Así que cuando un creyente tiene al Espíritu Santo, es prueba de que ha nacido de nuevo. Así que este nuevo nacimiento era algo que estos hombres aún no habían experimentado. Lo que culminó con Juan el Bautista, con un bautismo de arrepentimiento, es decir, el Antiguo Testamento, continuó con Jesús con el bautismo del Espíritu Santo, el Nuevo Testamento.

Ellos finalmente comprendieron que Juan el Bautista hablaba de Jesús, y depositando su confianza en Jesús, fueron bautizados. Y dice ahí que cuando Pablo les impuso las manos, hablaron en lenguas, siendo este el último caso del don de lenguas, que se registra en el Libro de los Hechos. Más adelante, después de que Pablo fuera expulsado de la sinagoga con maldiciones por parte de los judíos, Pablo optó por una nueva estrategia.

Así, separando a los discípulos, los llevó a una escuela, es decir, a un salón de conferencias, y dialogando con ellos, les enseñaba acerca del Evangelio de Jesucristo. Así, Pablo, haciendo uso de este lugar y de esta nueva estrategia, enseñó por espacio de dos años en esta escuela, tanto a judíos creyentes, como a gentiles. Hasta aquí la meditación del día de hoy.

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