GANANCIAS PERDIDAS – Hechos 19:23-41

El impacto del mensaje de Pablo en Éfeso y la reacción de quienes defendían sus intereses económicos

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Meditación bíblica sobre Hechos 19:23-41 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

La semana pasada hablamos de los extraordinarios y notables milagros hechos por Dios a través del apóstol Pablo en Éfeso, dando como resultado que el nombre de Jesús fuera magnificado por los creyentes de este lugar.

Hoy hablaremos de las Ganancias Perdidas, y para esto daremos lectura a Hechos 19 del 23 en adelante. Dice así:

Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino. Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices; a los cuales, reunidos con los obreros del mismo oficio, dijo: Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero. Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo. Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron. También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro. Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido. Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería hablar en su defensa ante el pueblo. Pero cuando le conocieron que era judío, todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios! Entonces el escribano, cuando había apaciguado a la multitud, dijo: Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter? Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente. Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa. Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros. Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso. Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.

Lucas nos hace notar que toda esta situación inicia por un tema económico y no por algo doctrinal, pues Demetrio menciona que por el mensaje de Pablo muchos habían sido persuadidos de que un Dios hecho por manos humanas no es Dios y argumentaba que la gran diosa Diana y su templo vendría a ser como nada, sin embargo no era esto lo que le preocupaba a Demetrio, esto era sólo una forma de manipular a la gente y de encubrir su verdadera intención que fue económica. El mismo Demetrio lo menciona cuando dice “de este oficio obtenemos nuestra riqueza” (versículo 25), así que Demetrio y los plateros sólo buscaban el poder seguir lucrando, dada la idolatría a Diana y poco tenía que ver con Diana y su templo. Mientras que Pablo declaraba al verdadero Dios mostrando a las personas la limpieza y pureza por la gracia gratuita de Dios, Demetrio y sus compañeros con engaños y artimañas lograron su cometido alborotando a los habitantes de Éfeso, pero sin lograr el resultado que esperaban.

Lucas declara en los versículos 37 y 38 que la respuesta oficial por el secretario es que los creyentes eran inocentes de todo delito, ya fuera público o privado. A lo largo del libro de los hechos es interesante notar que la persecución siempre la iniciaban los judíos incrédulos y no los romanos, así mientras que los nuevos creyentes iban y testificaban su fe en el Señor Jesús, algo que después de más de 2.000 años sigue vigente, no así Diana y su templo, lo cual es historia y ha desaparecido, pues la palabra de Dios permanece para siempre. Hasta aquí la meditación del día de hoy.

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