LA LABOR PASTORAL – Hechos 20:17-27

Meditación bíblica sobre Hechos 20:17-27 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

La semana pasada hablamos del sermón de despedida de Pablo en Troas y cómo se alargó hasta el amanecer dicho mensaje. Sin duda, la Iglesia de Troas tenía un ferviente anhelo por conocer más y más de la Palabra de Dios.

Es así como el tiempo transcurría rápidamente sin notarlo. Hoy hablaremos de la labor pastoral, número 40, y para esto daremos lectura a Hechos 20:17-27. Dice así la Palabra de Dios: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” Amén. Hasta ahí la lectura.

En esta lectura, lo primero que Lucas menciona, es que Pablo hizo llamar a los ancianos de Éfeso, y la palabra traducida para ancianos, es epíscopos. ¿Qué significa obispo? Así entonces, los ancianos, son aquellas personas que han mostrado madurez en la fe, y que han sido elegidas para servir en algún cargo en la iglesia, a lo que Pablo llama rebaño (versículo 28). Así, en este sermón de despedida, Pablo está hablando a pastores, y él habla de cómo ha sido su ministerio.

Sin duda, un ministerio ejemplar, sirviendo al Señor con toda humildad, y no como una celebridad religiosa que busca que otros le sirvan. Su humildad, desde luego, no era signo de debilidad, porque tenía el valor de enfrentar las pruebas y peligros sin darse por vencido. Pablo no tenía nada que ocultar, a pesar de todas las artimañas de los judíos por difamarlo. Pablo mantuvo una vida coherente y fiel en el ministerio, tanto en lo público, como en lo privado. Él se concentró en enseñarles tanto a judíos, como a gentiles, acerca del arrepentimiento y de la fe en Jesucristo. Para Pablo, era importante que ellos recordarán cómo había sido su ministerio en el pasado, y desde luego ellos lo sabían.

No había nada que ocultar. Ahora Pablo no sabe qué le depara el futuro. Sin embargo, impulsado por el Espíritu Santo, Pablo ha de seguir su camino a Jerusalén, y sin importar qué le pueda acontecer, sean diversos problemas, encarcelamiento, o incluso el riesgo de perder la vida, nada de esto importa. Lo único que importa y tiene valor es terminar la carrera que le ha sido encomendada por el Señor Jesucristo. Dar testimonio del Evangelio de la Gracia Pablo sabe y manifiesta que su conciencia está limpia, pues como buen pastor les había enseñado todo el conocimiento acerca de la gracia de Dios. Todo cuanto él sabía, todo les había enseñado.

Recordándonos el deber del centinela de atalaya, en Ezequiel 3 y 33, como centinela, Pablo cumplió fielmente su labor pastoral, declarando tanto a pecadores como a santos todo el conocimiento de Dios. Sin duda, Pablo nunca buscó reconocimiento alguno. Su enseñanza es clara.

Todo pastor habrá de trabajar fielmente para que la grey tenga todo el conocimiento de la gracia y el reino de Dios, la necesidad de arrepentimiento y la confesión de pecados, de tal manera que cada creyente tuviera completo y entendido todo el plan de salvación. Por el momento, hasta aquí la meditación del día de hoy. La semana próxima continuaremos con esta meditación del capítulo 20, pues todavía hay más que aprender.

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