UN LLAMADO URGENTE A LA UNIDAD

En la vida de la iglesia, las divisiones rara vez aparecen de golpe. No suelen nacer de grandes decisiones, sino de pequeños gestos, pensamientos no examinados o conversaciones que, sin darnos cuenta, van inclinando el corazón. La mayoría de nosotros no se ve a sí mismo como alguien que contribuye al conflicto; sin embargo, la Escritura nos recuerda que las tensiones no surgen afuera, sino dentro de nosotros mismos.
Santiago lo expresa con una claridad que incomoda y, al mismo tiempo, ilumina:
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones…?” (Santiago 4:1–3)
El apóstol no señala a “los otros”, sino a lo que cada uno carga en su interior: deseos, temores, expectativas, heridas. Allí, en ese territorio silencioso, es donde la división encuentra terreno fértil.
Por eso, esta semana vale la pena detenernos y mirar con honestidad nuestras propias interacciones. No para buscar culpables, sino para discernir si nuestras palabras y actitudes están contribuyendo a sanar o a profundizar las grietas. A veces, sin intención, podemos sumar peso a lo que ya está frágil.
También es necesario reconocer qué mueve nuestras reacciones. Detrás de cada gesto hay motivos que conviene traer a la luz: ¿buscamos el bien del otro o la afirmación personal? ¿Nos interesa más tener razón que construir comunidad? ¿Preferimos el control antes que la vulnerabilidad que exige caminar juntos?
Y, por supuesto, las diferencias. En toda comunidad viva existen. El desafío no es evitarlas, sino aprender a superarlas con humildad. La división florece cuando dejamos de escucharnos, cuando cerramos el corazón a la posibilidad de comprender al otro, cuando la conversación se vuelve monólogo.
La unidad, en cambio, no es un accidente. Es un trabajo constante, un ejercicio espiritual que requiere paciencia, apertura y la disposición a reconciliar. No significa ausencia de desacuerdos, sino la decisión de enfrentarlos con un espíritu que busca restaurar, no vencer.
Cuando cultivamos corazones dispuestos a aprender, capaces de escuchar y de pedir perdón, la iglesia se convierte en un espacio donde las diferencias no amenazan, sino que enriquecen. Y el testimonio de una comunidad que se ama aun en medio de la diversidad habla más fuerte que cualquier discurso.
Que esta semana el Señor nos conceda la gracia de mirar hacia adentro, de reconocer lo que necesita ser sanado y de caminar hacia la unidad que Él mismo nos regaló en Cristo.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETIN BUEN ÓLEO Domingo 1 de Marzo 2026.

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2 thoughts on “UN LLAMADO URGENTE A LA UNIDAD

  • Pablo Gil Martínez

    Y como dice Josefina como vive la Iglesia que debemos llevar la situación en nuestras colonias nuestra ciudad y país y ante tantos conflictos locales regionales y en el mundo es un llamado de Dios a buscar el amor la unidad.
    ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
    (Salmo 133:1)

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  • Josefina

    Un editorial muy edificante ( como todos) el del .llamado a la unidad. Muy a tono con lo que vive la iglesia.

    Respuesta

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