CONCLUSIÓN DE LA LABOR PASTORAL – Hechos 20:28-38
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Meditación bíblica sobre Hechos 20:28-38 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La semana pasada hablamos brevemente de la labor del pastor, la cual es dar a conocer a la Iglesia las buenas nuevas del reino, la gracia de Dios y su plan de salvación, haciéndolo en todo tiempo con determinación y valor.
Hoy seguiremos adelante con la conclusión de la labor pastoral, número cuarenta y uno, y para esto daremos lectura a Hechos 20:28-38. Dice así la palabra de Dios:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.”
Es interesante notar cómo Pablo les ha hablado acerca de su forma de trabajo en el ministerio en el pasado. Asimismo, acerca de un futuro incierto en el que no sabe qué le habrá de acontecer. Ahora, siguiendo su discurso, hablará a los pastores de su presente inmediato, diciéndoles que se mantengan atentos, alertas, primeramente para sí mismos, y después de estar atentos de sí mismos, cuidar del rebaño, sobre el cual los ha puesto el Espíritu Santo como responsables. Y sigue adelante diciendo algo verdaderamente extraordinario.
Pues esta es la iglesia que el Señor Jesús ganó con su sangre en la Cruz del Calvario. Una tremenda responsabilidad para los pastores. Y reitera algo más, que sin duda no podría ser de otro modo.
Primeramente, el pastor ha de cuidar de sí mismo, para sólo después poder cuidar de los demás. Luego, les habla de los peligros que tenían que reconocer y enfrentar para así poder proteger y dirigir la iglesia del Señor, iniciando por los peligros en medio de ellos mismos, refiriéndose a los lobos rapaces que buscan destruir el rebaño, los cuales seguramente llegarían tras su partida. También habla de los falsos maestros y engañadores, cuyo único objetivo es el lucro y la ambición personal, porque aun dentro de la iglesia hay personas que ambicionan posición y poder.
Y aquí es donde está el énfasis: hay peligro dentro de nosotros. Así que Pablo los encomienda a Dios para que permanezcan firmes y nuevamente habla de sí mismo, pero para que lo imiten, declarando que él no ha codiciado ni el dinero ni la ropa de nadie. Por el contrario, con el trabajo de sus manos, ha cubierto sus propias necesidades y las de sus acompañantes, recordándonos lo que dijo el Señor Jesús, que hay más dicha en dar que en recibir.
Finalmente, habiendo orado por ellos, se despiden entre lágrimas y abrazos, sabiendo que no volverán a verse. Este capítulo 20 es el único en donde el mensaje de Pablo es solo para creyentes, y en este caso en particular para obispos, pastores. Y en estos últimos versículos hay verdades importantes que destacar.
Uno, la Iglesia es de Dios y le pertenece a Dios, no a los pastores. Dos, fue comprada por la propia sangre de su Hijo Jesucristo. Y tres, el Espíritu Santo obra en aquellos que ha elegido para que apacienten fielmente el rebaño del Señor.
Sin duda podemos notar el obrar del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como el cuidado de sus siervos, siendo sobreedificados con poder por el Espíritu Santo, para realizar fielmente su labor pastoral. Sin duda, el trabajo de Pablo es digno de imitar, pero difícil de igualar. Hasta aquí la meditación del día de hoy.
