PABLO APELA A SU CIUDADANÍA – Hechos 22:22-23:10
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Meditación bíblica sobre Hechos 22:22-23:10 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Seguimos adelante con la meditación del Libro de los Hechos y hoy estará basada en Hechos 22:22-23:10. Pablo apela a su ciudadanía.
Les pido que, por favor, hagan esta lectura en casa. Hasta este punto, Pablo ha relatado su conversión camino a Damasco y ha sido escuchado con atención, pero cuando él dice que fue enviado por el Señor Jesús a los gentiles, se genera un gran conflicto, al punto que ellos gritan: “No conviene que viva este hombre». Ellos intentaban matar a Pablo, así que el comandante, al ver esta situación, manda que Pablo sea llevado al cuartel, pues teme por la vida de Pablo. Pero dice algo más, como medida averiguatoria pide que Pablo sea azotado, con látigo. Este látigo contaba con unas largas correas y en sus extremos tenía pedazos de hueso, lo cual causaba un gran daño a aquella persona que era azotada y que muchas veces terminaba con su vida.
Así que Pablo apela a su ciudadanía. Ahí dice en el verso 25 que él pregunta a los soldados: «¿Es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?». Ellos tuvieron gran temor, tanto los soldados como el comandante, así que de inmediato Pablo fue liberado, pues Pablo incluso les dice que él es ciudadano romano de nacimiento (versículo 28), y en el verso 29 dice así que luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento y aún el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado.
Al día siguiente, Pablo es llevado ante el concilio donde estaban todos los sacerdotes. En el verso 30 podemos ver esto y luego en el 23:1, cuando Pablo está ya delante de todos los sacerdotes, dentro de los cuales se encontraba Ananías, Pablo empieza a hablar y lo hace como era su costumbre, dirigiéndose a ellos diciéndoles «varones hermanos» y sigue diciendo: «Yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy» La conciencia es como este juez interior que aprueba cuando algo hacemos bien, pero desaprueba cuando algo hacemos mal.
Es también como una ventana por la cual, mientras más limpio sea el cristal, mayor será la cantidad de luz que entre, es decir, la luz de nuestro Dios. Así es como Pablo habla de haber vivido con una buena conciencia, algo que al sacerdote Ananías no le parece, pues se sabe que este era un hombre corrupto y perverso, y manda que Pablo sea abofeteado. Por lo cual Pablo le dice ahí en el 23:3: «Dios te golpeará a ti, pared blanqueada».
Así, después de este incidente, finalmente Pablo vuelve a hablar, pero ha notado algo: el concilio está dividido; una parte es de fariseos y otra de saduceos. Así que él, alzando la voz, dice: «Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga». Esto causó una gran división ante el concilio, pues los saduceos dicen que no hay resurrección y los fariseos que sí. Así que se inició una épica contienda, pues los fariseos decían (verso 9): «Ningún mal hallamos en este hombre.
Así que, dada esta gran contienda, división y discusión, el comandante temió por la vida de Pablo; dice ahí en el verso 10 que temía que fuese despedazado por ellos, así que mandó que bajasen los soldados y le arrebataran de en medio de ellos y le llevasen a la fortaleza. Así Pablo es llevado custodiado, evitando que le quiten la vida. En este pasaje, el apóstol Pablo nos enseña que el testificar de Cristo no siempre será una tarea fácil; sin embargo, estamos llamados a hacer dicha labor enfrentando las adversidades. Recordemos que ante tal comisión no estamos solos. Jesús dijo en Mateo 28:20: «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Así que cumplamos esta tarea con determinación y valor, pues cuando la hagamos no estaremos solos; Jesús estará con cada uno de nosotros.
