Santificado sea tu nombre
Meditación sobre Mateo 6:9 por el A.I. Marcos Mercado Estrada
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Transcripción…
Me da mucho gusto enviarles un muy cordial saludo, el día de hoy en que vamos a poner nuestra atención en la primera petición del Padre Nuestro que encontramos en el versículo 9 del capítulo 6 del evangelio de Mateo
Escuchen lo que la Palabra de Dios dice de en este versículo
9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
INTRODUCCIÓN
Debido a que la oración es vital e importante para el cristiano, nuestro Señor y Salvador Jesucristo en el sermón del monte nos enseñó a orar con el Padre Nuestro y hace ocho días hablamos de las primeras siete palabras de esta oración modelo
Miren ustedes, en el Padre Nuestro hay 6 peticiones y Jesús nos enseñó el orden de las peticiones, ya que las primeras 3 peticiones se refieren a Dios, es decir nos enseñó a poner a Dios en primer lugar incluyendo la santidad de su nombre, su Reino y su voluntad y luego nuestras necesidades materiales y espirituales.
Y yo pregunto ¿Empezamos nuestras oraciones poniendo a Dios en primer lugar?
Ahora fíjense bien, que después de llamar a Dios Padre, la primera petición de esta oración modelo dice: “Santificado sea tu nombre”
Y aquí hay que subrayar y recalcar y darnos cuenta que dentro de todos los grandes y múltiples atributos de Dios el que se menciona en primer lugar en esta oración es el de su Santidad
Miren ustedes, la santidad de Dios es uno de los conceptos más repetidos en la Biblia.
Y cuando hablamos de la Santidad de Dios nos damos cuenta de la fragilidad del lenguaje humano para describir adecuadamente este concepto.
Por ejemplo, Apocalipsis 4:8 nos describe la visión que el apóstol Juan tuvo en el cielo donde vio a los cuatro seres vivientes que no cesaban día y noche de decir:
Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir
El catecismo de Heidelberg en su pregunta 122 dice ¿cuál es la primera súplica del Padre Nuestro? Y contesta lo siguiente:
«Santificado sea tu Nombre», es decir, concédenos ante todo que te conozcamos rectamente y que santifiquemos y celebremos tu omnipotencia, sabiduría, bondad, justicia, misericordia y verdad, que se manifiestan en todas tus obras.
Concédenos también que toda nuestra vida, en pensamiento, palabra y obra, sea siempre dirigida a este fin: que tu santísimo Nombre no sea por nosotros blasfemado, ni menospreciado, sino honrado y glorificado.
El Dr. Gerald Nyenhuis escribió:
«Pedir que el nombre de Dios sea santificado es pedir que Dios sea conocido, respetado y glorificado. La persona que sinceramente ora por eso encontrará que se goza en Dios al reconocerlo en su creación y en su providencia. Y pedir que el nombre de Dios sea glorificado implica que nosotros lo glorifiquemos, pues si no lo hacemos no oramos sinceramente.»
Las palabras utilizadas en el texto original en Griego son “agiastéto to onomá sou” (ἁγιασθήτω τὸ ὄνομά σου ) que literalmente se pueden traducir como sea santificado el nombre tuyo
Pero lo que hay que notar es que el verbo utilizado para decir que su nombre sea santificado está en Modo imperativo, en el tiempo aoristo 1º y en una voz pasiva
Y ¿Que significa esto?
En primer lugar, al estar en voz pasiva significa que la acción recae sobre el sujeto esto es la acción de santificar recae sobre el nombre de Dios
En segundo lugar, está en un modo imperativo
Y esto significa que se ordena algo
Y en tercer lugar está en un tiempo aoristo 1º, que no existe en español, pero que significa que la acción se ejecuta en un tiempo preciso.
Lo anterior implica que, de manera imperativa, se ordena que el nombre de Dios sea santificado, pero no mañana ni pasado mañana sino ahora mismo.
Santificar el nombre de Dios significa tenerle reverencia; por lo que, reverenciar a Dios, es honrarlo, glorificarlo y exaltarlo.
El Dr. Martyn Lloyd Jones dijo que en un cierto sentido deberíamos quitarnos el calzado cada vez que usemos su nombre.
John Stott dijo:
Su nombre ya es «santo» porque está separado de y exaltado sobre cualquier otro nombre. Pero oramos para que sea santificado, «tratado como santo’: porque deseamos ardientemente que aquél a quien el nombre pertenece reciba el debido honor en nuestras propias vidas, en la iglesia y en el mundo.
Juan Calvino dijo:
La primera petición es que el Nombre del Señor sea santificado; necesidad que debiera de darnos vergüenza. Porque, ¿qué cosa se puede pensar que sea más vil ni más baja que ver la gloria de Dios oscurecida, ya sea por nuestra ingratitud, o por nuestra malicia?
Y lo que es más de considerar que, por nuestro atrevimiento, orgullo y desenfreno, en cuanto de nosotros depende, sea destruida y aniquilada.
También es cierto que la santidad del Nombre de Dios resplandece a despecho de todos los impíos, aunque ellos con su sacrílega disolución revienten.
La Biblia en el salmo 48:10 nos dice que en toda la tierra debemos honrar su nombre y por ello dice: “Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra”
Ya que, en cualquier parte del mundo, donde Dios se dé a conocer es imposible que no se hable de sus virtudes; su potencia, bondad, sabiduría, justicia, misericordia, su verdad y su santidad, las cuales nos llevan y nos obligan a maravillarnos, y nos incitan y motivan para alabarlo.
Nuestro Dios es santo, santo, santo y el nombre de Dios muchas veces no es santificado e incluso hasta se toma el nombre de Dios en vano
La gloria y santidad de Dios son eternas inmutable e inmensas y no pueden ser disminuidas ni opacadas, pero en nuestras vidas la gloria y la santidad de Dios se ven oscurecidas y opacadas por nuestra ingratitud y nuestra maldad y en ocasiones con nuestro comportamiento como cristianos manchamos el nombre de Dios
CONCLUYO CON LAS PALABRAS DE
Juan Calvino que dijo:
Hoy en día, de una manera indigna se ignora y se hace a un lado la santidad de Dios y si no la podemos mantener como debiera ser, se nos ordena que, al orar al menos tengamos el cuidado de pedirle a Dios que la mantenga.
En resumen, al pedir que su nombre sea santificado, pedimos que le sea dado a Dios el honor que se le debe dar, de modo que nunca hablen ni piensen mal de El los hombres, sino que piensen y hablen de Él con gran reverencia, algo totalmente opuesto a la profanación que siempre ha reinado en el mundo, y de lo cual somos testigos hoy en día
Por ello nuestro Señor Jesucristo nos ordenó que hagamos esta petición.
Y si el Nombre del Señor es santificado, ensalzado y glorificado como conviene cuando es separado de todos, no solamente se nos manda aquí rogar a Dios que conserve su nombre en su integridad y perfección libre de todo menosprecio e ignominia, sino también que obligue a todo el mundo a honrarlo y reconocerlo por Señor.
También esta petición incluye que toda la impiedad y maldad que profana este sacrosanto Nombre cese y tenga fin; que todas las detracciones y murmuraciones, y todos los escarnios que oscurecen esta santificación y atentan contra ella, sean exterminados, y que Dios, reprimiendo y poniendo bajo sus pies todo género de sacrilegios, haga que su majestad y excelencia crezcan de día en día.
Que nuestras oraciones diarias, incluyan la petición “Santificado sea tu nombre”.
Amén
