CAMINO Y SENDA
Por lo general tomamos las palabras “camino” y “senda” como sinónimos. Sin embargo, el traductor del Salmo 1, versículo 6, hace una sutil distinción entre estos términos. Dice: “porque Jehová conoce el camino de los justos; más la senda de los malos perecerá“.
La diferencia entre estos dos términos se ve en su uso. Por ejemplo, podemos decir que dos personas fueron por sus sendos caminos, pero no podemos decir que fueron por sus caminosas sendas. Cuando hablamos de sus “sendos” caminos, queremos decir que los dos se conducían hacia distintos destinos. Parece que esta es la distinción que encontramos en este versículo. Dios se fija en los justos, que estén en el camino. No hay duda en cuando al destino; el problema tiene que ver en su andar hacia Él. Para los malos el problema es que la senda no llega a ningún lugar, pues la senda perece, se desvanece. Los que van por esta senda cada vez son más perdidos, y al final la senda misma desaparece.
El cristiano anda abrumado por el camino, lo encuentra duro y difícil. Está muy empinado, sinuoso y lleno de virulentos virajes, repletos de espantos. Sin embargo, andamos con confianza y seguridad porque Dios nos lleva a de la mano, y Él conoce el camino.
He aquí seguridad y consuelo, confianza y tranquilidad: ¡El Señor conoce! Esto también nos da aliento y vigor. Esto nos da energía y el esfuerzo para iniciar los proyectos que sabemos que no podemos realizar, a menos que el Señor esté con nosotros. El camino en que estamos ¡Todo el camino! Es conocido por Él; para Dios no hay ningún misterio, en ningún rincón.
Por supuesto, Dios sabe todo, sabe de la senda, y sabe dónde conducen todas las sendas, pero conoce el camino de los justos (los justificados en Cristo Jesús). Este conocer es más que un saber, es más bien una profunda y penetrante comprensión.
La senda, si la comparamos con lo que el salmista dijo antes, es como “el tamo que arrebata el viento” pues no sabe a dónde va, su senda se desvanece, pues perecerá.
A veces andamos perplejos en el camino y decimos, casi como para quejarnos, no entendemos por qué esto, o por qué lo otro. Pablo lo explica así. Por la fe andamos, no por vista (II Cor.5:7). Por eso, tenemos que andar en el Espíritu, dignos de nuestra vocación. ¿No sabemos el camino? Jesús dijo: “Yo soy el camino”. Mucho antes el salmista nos había enseñado que “Jehová conoce el camino”. Si Él conoce el camino, y si andamos con Él, entonces, andamos confiadamente.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith, boletín Buen Óleo, domingo 5 de febrero de 2023.