El fundamento de la plena seguridad de la salvación – Romanos 8:1-17

Meditación bíblica sobre Romanos 8:1-17 por el A.I. Fernando Acevedo P.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

            Nuestra lectura de hoy dice:

 A lo largo de estas semanas, hemos venido hablando acerca de la importancia de tener una certeza plena de la seguridad de nuestra salvación. Hemos visto que Pedro nos exhorta a ocuparnos de afirmar nuestra vocación y elección; elección que fue hecha desde antes de la fundación del mundo.

Entonces, es necesario que tengamos una comprensión sólida acerca de la elección, porque en ella tenemos nuestra seguridad.

Ahora bien, dijimos que el comienzo de tener la plena seguridad de la salvación, se basa en una comprensión bíblica absoluta del Espíritu Santo, y el papel que juega en el plan de redención.

Tenemos que entender que, para poder ver el reino de Dios, el Espíritu Santo tiene que obrar en nuestro interior, dándonos un nuevo nacimiento por medio de nuestra regeneración.

 Con base en todo esto, ¿qué piensas que significa el ser regenerado? Es importante nuestra respuesta, porque cuando entendemos el verdadero significado, podremos darnos cuenta que el Espíritu Santo nos ha llevado de la muerte a la vida. Es decir, antes de que el Espíritu opere en una persona, esta se encuentra muerta en sus delitos y pecados.

Así que, cuando el Espíritu Santo opera en una persona, esta es resucitada espiritualmente, y es llevada de la corrupción a la completa restauración. Pablo dice a los efesios que una persona que es nacida de nuevo, abandona los deseos de la carne, dejando atrás lo que la carne ofrece, y así dejar de ser hijos de ira. Ahora bien, ¿por qué era necesario que Jesús nos viniera a salvar? ¿A salvar de qué? ¿por qué es necesario que Dios el Espíritu Santo opere sobrenaturalmente en nosotros para regenerarnos?

 Entramos nuevamente al inicio de todas las cosas. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo perfecto a su imagen y semejanza, preparado para la vida eterna y ponerlo como mayordomo de toda su creación. La única condición, el único mandamiento que tenía bajo pena de muerte, era que no comiera del árbol de bien y del mal.

Sin embargo, comió, sumiendo a la humanidad entera en la oscuridad del pecado. De esta forma, la caída puso al hombre en enemistad con Dios. Ahora, en una nueva realidad de pecado, necesita ser salvo de la ira de Dios, algo imposible para él. La venida de Jesús a este mundo como hombre, pero sin pecado, tenía el propósito de restaurar la relación perdida con el Padre para librarnos de la ira venidera.

 Existen muchas formas de pensar acerca de la caída del hombre. Muchos cristianos piensan que la caída no fue completa; que en medio de su corrupción quedó cierto grado de justicia en el hombre, que les permite decidir si quieren aceptar la gracia de Dios o rechazarla, aún antes de ser regenerados.

Sin embrago, la Biblia afirma que una persona que no ha nacido de nuevo, camina muerto en sus delitos y pecados, y una persona que está muerta, es incapaz de tener algún remanente de vida.

 Debemos darnos cuenta que sin haber nacido de nuevo en el Espíritu, es imposible hacer una profesión de fe sincera. Una persona puede hacer su profesión de fe y afirmar creer en Cristo y que le conoce, pero también los demonios creen, le conocen y tiemblan. Así que, el afirmar creer en Él y afirmar conocerle no garantiza que ha nacido de nuevo, no garantiza que se ha dejado de ser un hijo de ira, porque el Espíritu Santo no ha obrado en su espíritu para darle nueva vida. En Romanos 3:12 dice:

Entonces, mientras el Espíritu no obre en el corazón de una persona, se encuentra en completa enemistad con Dios y es imposible que tenga algún sentimiento de amor sincero por Cristo. En v.7 de nuestra lectura, dice:

 El Dr. R. C. Sproul comenta que cuando una persona se acerca a él para preguntarle la forma de saber si es salvo, le hace tres preguntas: ¿Amas a Jesús perfectamente? ¿Amas a Cristo Jesús tanto como deberías? ¿Amas al Cristo bíblico? Si analizamos la primera, nuestra única respuesta es no, no lo amamos perfectamente, porque si lo hiciéramos, obedeceríamos perfectamente sus mandamientos. En el Evangelio de Juan 14:15 dice:

Así que, cuando fallamos en sólo uno, nos acusa que no amamos a Jesús perfectamente; por tanto, esto nos lleva a responder no, a la segunda pregunta, porque si no podemos cumplir perfectamente sus mandamientos, tampoco podemos amarlo como se debe. 

 Ahora, la respuesta a la última pregunta es crucial, ¿amas al Cristo bíblico? Si realmente amas a Cristo, tal y como se revela en Su Palabra, y dentro de las limitaciones de la carne deseas agradarle en todo lo que haces y luchas por cumplir con sus mandamientos siendo sumiso a la acción del Espíritu en tu vida, reflejando un cambio total y sincero en tu forma de vivir, entonces puedes afirmar que vas por buen camino para tener la plena seguridad de tu salvación.

A una persona no regenerada le es imposible tener algún afecto por Jesús, porque para tenerlo, el Espíritu Santo tiene que obrar en su corazón para vivificarlo y así cambiar esa frialdad hacia las cosas de Dios por la necesidad de tener a Dios en su corazón y amarlo. Una persona no regenerada, no refleja ningún cambio en su vida, no actúa como una persona vivificada por Dios Espíritu Santo y, por tanto, no es un cristiano de verdad.

 Es así que, toda alma regenerada, sabe que este mundo no es su morada, y suspira por la casa eterna preparada para nosotros, por nuestro Señor Jesucristo. Dios nos predestinó para este cambio y nos dio las arras del Espíritu.

Nos dio un espíritu de adopción, por medio del cual podemos decir ¡Abba, Padre! Su palabra es fiel y sus promesas no vacilan ni son ambiguas.

Hemos sido sellados por el Espíritu y mora en nosotros como garantía. Y es el Espíritu mismo quien da testimonio de que somos hijos adoptados por el Padre, haciéndonos sus herederos y coherederos con Cristo.

 Entonces, analicemos honestamente nuestra vida y aprendamos de ella y de nuestros corazones el fruto del Espíritu.

Debemos de evaluar nuestra manera de vivir, tratando de entender lo que está sucediendo en nuestro interior porque al final, el origen de nuestra plena seguridad, viene de la obra y el testimonio que el Espíritu Santo da a nuestro espíritu. Y la única forma de saber si este testimonio es genuino, es a través de la Palabra.

Es por eso de vital importancia, que nos mantengamos en constante lectura y estudio de la Palabra que fue inspirada por el Espíritu Santo, y no sólo seamos oidores de ella sino también hacedores, para tener un testimonio firme en nuestra alma, de que realmente le pertenecemos.

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