Pablo en Corinto – Hechos 18:1-20
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Meditación bíblica sobre Hechos 18:1-20 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La semana pasada hablamos del resultado de la evangelización en Atenas, donde Pablo les habló a judíos, gentiles y filósofos acerca de Jesús y la resurrección, y del Dios revelado por su Palabra, donde el resultado no siempre será lo fundamental, sino el predicar a Cristo resucitado. Hoy seguiremos adelante con nuestro estudio número treinta y dos, Pablo en Corinto, y para esto daremos lectura a Hechos dieciocho del versículo uno en adelante.
Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto, y halló a un judío llamado Aquila Natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila, su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas, y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos. Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.
Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo sacudiéndose los vestidos, vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza, yo limpio desde ahora me iré a los gentiles. Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga, y Crispo, el principal de la sinagoga creyó en el Señor con toda su casa, y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche, no temas si no habla, y no calles, porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
Y se detuvo allí un año y seis meses enseñándoles la palabra de Dios. Amén. Hasta ahí la lectura.
En este pasaje, lo primero que notamos es que Pablo, al igual que los rabinos judíos de la época, se ganaba su sustento ejerciendo algún oficio. En el caso de Pablo, era haciendo tiendas. Así que, estando en Corinto, Pablo halló a uno que se llamaba Aquila, con su mujer Priscila, quien también tenía el mismo oficio de Pablo, y trabajaban juntos.
Aquila y Priscila habían salido de Roma por mandato de Claudio. No se sabe con certeza si ellos ya creían en Jesucristo en ese momento. Sin embargo, sabemos que esta pareja sirvió con toda fidelidad e incluso arriesgó su vida por Pablo.
Romanos 16, del 3 al 4. Aquí en Corinto, Pablo hizo lo acostumbrado. Fue a la sinagoga a enseñar, buscando persuadirlos tanto a judíos como a griegos. En el versículo 6, vemos dos imágenes del Antiguo Testamento.
Sacudirse los vestidos constituía un acto de juicio que expresaba. Tuvieron su oportunidad, pero ya se terminó. Y aunque Pablo no dejó de testificar a los judíos, su llamamiento principal fue evangelizar a los gentiles.
La expresión, vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza, quiere decir que debes cargar con la culpa de tu propio juicio. Tuviste la oportunidad de ser salvo, pero la rechazaste. Pablo no cerró los ojos a los problemas y dificultades que podría enfrentar en una ciudad con tal cantidad de ídolos.
Pablo, andando por fe, vio una oportunidad. Lo hizo desde el punto de vista divino. Y el versículo 10 nos enseña que Dios actúa en su soberanía, donde la elección divina es uno de los más grandes estímulos para predicar el Evangelio.
Pablo también supo que Dios ya tenía pueblo apartado para la salvación. Así que se quedó ahí un año y seis meses, predicando el Evangelio con determinación, valentía y fe. La responsabilidad de Pablo fue obedecer la comisión, la de Dios salvar a los pecadores.
