ORACIÓN Y MISIÓN

La vida de Pablo sigue siendo un motivo de asombro y profunda reflexión. En el contexto de su época, su misión parecía absurda. Por un lado estaba Roma: la metrópoli imperial, centro neurálgico del poder, erguida sobre sus siete colinas y capaz de estremecer naciones enteras con el avance implacable de sus legiones. Por otro lado, Pablo: un hombre marcado por cicatrices y adversidades, aparentemente insignificante frente a semejante poderío, armado solo con lo que él llamaba la “buena nueva”. Y, sin embargo, aquel mensaje transformó el curso de la historia, moldeó la civilización occidental y aún hoy ejerce una influencia profunda en nuestras vidas.
¿Qué sostenía el ministerio de Pablo? ¿Por qué su huella ha perdurado más de dos milenios? El propio apóstol responde: fue gracias a la oración del pueblo de Dios. Él conocía profundamente el valor del ministerio de la oración y no vacilaba en exhortar a los creyentes a interceder por él. En pocas palabras nos ofrece una gran lección sobre la esencia y el fundamento de la oración cuando escribe: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” (Romanos 15:30)
Pablo basa su llamado a la oración en dos pilares: “por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu”, y con esto establece un vínculo inseparable entre la oración, la comunión con Dios y el amor mutuo que lo unía con aquella comunidad de creyentes.
La oración, por lo tanto, nace del Espíritu de Dios que habita en nosotros; es Él quien despierta el anhelo de servir, quien enciende la compasión y el afecto genuino. Aunque Pablo fue líder excepcional, nunca dejó de reconocer su necesidad de oración: pedía ser protegido de la hostilidad de los incrédulos en Judea y que su ministerio fuera recibido con aceptación por la iglesia local.
A ese clamor apelaba el apóstol: “que me ayudéis”. Su ministerio, como la vida misma, es una batalla constante, y él veía la oración como la manera de participar en esa lucha. La oración es un arma poderosa: abre puertas, derriba obstáculos, resiste presiones inmensas y sostiene frente a las fuerzas que buscan doblegarnos.
Si hay algo que la iglesia necesita con urgencia, es precisamente este tipo de oración. Nos encontramos en un punto crucial de la historia. Las oportunidades son grandes y están delante de nosotros. Pero lo más apremiante es contar con hombres y mujeres que oren, que oren para discernir los desafíos de nuestro tiempo y responder con fidelidad a nuestro Dios.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETIN BUEN ÓLEO Domingo 7 de Diciembre 2025

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