Lo que Dios ha preparado para los que le aman – 1 Corintios 2:9
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Meditación bíblica sobre 1 Corintios 2:9 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Vivimos rodeados de opiniones, filosofías e ideologías que pretenden guiarnos. Pero el apóstol Pablo nos recuerda una verdad contundente: la sabiduría de Dios es radicalmente diferente a la del mundo. Y lo que Él ha preparado para quienes le aman está más allá de cualquier referencia o expectativa humana.
Antes de entrar al texto, detente un momento y piensa:
¿estás viviendo desde la sabiduría de este mundo… o desde la sabiduría que viene de Dios?
Vamos a iniciar la reflexión de hoy leyendo la Escritura en 1 Corintios 2:9
“Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
ni han subido en corazón de hombre,
son las que Dios ha preparado para los que le aman.”
Este es un versículo verdaderamente impresionante. En los versículos 6 al 8 de este mismo capítulo, Pablo marca el gran contraste que existe entre la sabiduría humana con la sabiduría de Dios, y nos hace recordar que nuestra tendencia natural es a mirar el mundo como el mundo piensa, según sus preferencias, deseos y criterios.
Él escribe:
“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria; la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.”
En esta enseñanza amplia sobre la diferencia entre la sabiduría humana y la sabiduría del evangelio, Pablo retoma las palabras del profeta Isaías y declara:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
ni han subido en corazón de hombre,
son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Los creyentes de Corinto estaban confiando en la sabiduría humana para resolver los problemas de la iglesia. Valoraban la inteligencia y la filosofía mundanas por encima del mensaje de Cristo. Pero Pablo les recuerda que la verdadera sabiduría proviene del Espíritu Santo y solo puede ser comprendida por quienes han alcanzado madurez espiritual.
Esto nos lleva a una pregunta esencial:
¿Cómo hemos de vivir? ¿Según la sabiduría de este mundo o según la sabiduría de Dios?
La sabiduría de Dios es superior, más grande y maravillosa que todo lo que tus ojos hayan visto, tus oídos hayan escuchado o tu corazón haya imaginado. Eso es precisamente lo que Dios ha preparado para quienes le aman.
¿No despierta en ti el deseo de buscar la sabiduría de Dios y profundizar en Su Palabra? Al enfocar tu mente y corazón en Él, en sus propósitos y pensamientos, te das cuenta de que sus planes son mucho más grandes y hermosos de lo que podrías imaginar. Lo que Él tiene reservado para los que le aman va mucho más allá de lo que podemos ver, oír o soñar.
1 Corintios 2:9 nos recuerda que lo que Dios ha preparado supera todo lo que este mundo puede ofrecer. Por eso, al igual que Romanos 12 nos exhorta, buscamos que Él renueve nuestra manera de pensar. De esa convicción brota una súplica sincera: “Señor, forma en nosotros una vida guiada por tu sabiduría”.
Si Dios ya tiene preparadas cosas que ni imaginamos, entonces el año que viene no es simplemente otra vuelta al calendario: es un espacio repleto de nuevas oportunidades que Él ha dispuesto para quienes le aman. Pero esas promesas no se alcanzan quedándonos de brazos cruzados. Para caminar hacia lo que Dios ha preparado, necesitamos dar pasos conscientes y deliberados, con un corazón dispuesto a avanzar.
Permanecer en la zona de confort, en lo conocido, puede frenarnos sin que nos demos cuenta. Por eso es vital cultivar una actitud que busque crecer, aprender y obedecer. No se trata solo de esforzarnos más, sino de usar con sabiduría lo que Dios ya puso en nuestras manos: dones, oportunidades, relaciones, experiencias.
Cuando Pablo escribe que Dios ha preparado cosas que ojo no vio ni oído oyó, no está hablando de un sueño lejano, sino de una realidad que comienza hoy. Muchas veces sabemos lo que debemos hacer, pero lo posponemos para “otra ocasión”, “cuando haya tiempo”, “cuando todo mejore” o “cuando me sienta preparado”. Sin embargo, esa clase de espera termina convirtiéndose en un freno.
Avanzar ahora, aunque sea poco a poco, nos abre el camino al crecimiento y nos dispone para recibir lo que Dios ya preparó.
Dios tiene reservadas cosas extraordinarias. Lo que nos corresponde es avanzar hacia ellas con fe, decisión y obediencia.
