CAMINANDO EN HUMILDAD

Estamos en una época donde las palabras se lanzan sin pensar y la crítica ligera se ha convertido en parte de nuestra cultura. En este contexto, la Biblia nos invita a recorrer un camino distinto, marcado por el respeto, la honra y la humildad hacia quienes Dios ha establecido como líderes espirituales. Humildad para escuchar, para dejarnos guiar y para reconocer que Dios utiliza personas concretas para pastorear nuestras vidas.
Las Escrituras hablan con claridad y coherencia. Pablo aconseja a Timoteo: “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre” (1 Timoteo 5:1). No se trata solo de evitar la dureza; se trata de adoptar una actitud de familia, de reconocimiento, de profundo respeto. Así como uno mide sus palabras al dirigirse a un padre, así también debemos dirigirnos a los ancianos de la iglesia.
Pedro aporta una perspectiva esencial: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos… revestíos de humildad” (1 Pedro 5:5). La descalificación apresurada, la crítica constante o la falta de sujeción no nacen de la madurez espiritual, sino de la soberbia. Y Pedro es contundente al decir: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” La manera en que tratamos a nuestros líderes revela la condición de nuestro corazón.
La Palabra nos recuerda que la vida cristiana no se sostiene únicamente con buenas intenciones, sino con actitudes que fortalecen la comunidad. Una de ellas, tal vez la que más choca con los valores establecidos en la actualidad, es el respeto hacia quienes Dios ha puesto como líderes espirituales, especialmente a los ancianos gobernantes que cuidan de la iglesia con amor, oración y responsabilidad.
Honrar a los ancianos no implica idealizarlos ni pensar que son perfectos. Es reconocer su trabajo, su carga, su dedicación discreta y, sobre todo, la autoridad espiritual que Dios les ha confiado. Cuando la iglesia se relaciona con sus líderes desde el respeto y la sujeción bíblica, la comunidad se desarrolla, la unidad se robustece y la gracia de Dios se derrama con libertad.
Por eso Pedro insiste en que Dios se opone al soberbio, al que se cree autosuficiente, al que piensa que no necesita guía ni consejo. Pero también asegura que Dios concede gracia al humilde, al que está dispuesto a aprender, colaborar y caminar en armonía con quienes sirven al Señor.
Y Pablo completa esta enseñanza diciendo: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor” (1 Timoteo 5:17). No porque sean perfectos, sino porque Dios los ha puesto como pastores, guías y guardianes de nuestras almas.
Hoy, más que nunca, necesitamos fomentar una cultura de honra. Una cultura donde nuestras palabras edifiquen, donde nuestras actitudes unan y donde nuestro trato hacia los ancianos refleje la humildad que agrada a Dios.
Que esta semana podamos examinar nuestro corazón y preguntarnos: ¿honramos a quienes Dios ha puesto para guiarnos? 
Pidamos al Señor que nos revista de humildad, para que nuestra iglesia sea un lugar donde la honra no sea una excepción, sino una cultura viva y constante.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 5 de abril 2026.

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