VIVIENDO EL PRESENTE

Como iglesia, todos podemos identificar momentos de nuestra historia que recordamos con profunda nostalgia. Son esos momentos en los que la alegría parecía desbordarse, cuando las bendiciones de Dios se percibían de manera especial; épocas de relaciones significativas, experiencias inolvidables y una sensación de plenitud que todavía hoy nos emociona.
Con afecto recordamos las personas, los espacios y los años que dejaron una huella en nuestra vida espiritual. Es posible que pensemos en amigos que fueron clave para nuestra fe o en épocas donde todo parecía más fácil y brillante.
Pero convertir ese bello pasado en la principal fuente de nuestra alegría y tranquilidad es un error peligroso. Cuando la nostalgia se vuelve la emoción dominante del corazón, el presente comienza a perder valor. La nostalgia se transforma en descontento, el descontento en ingratitud, y la ingratitud termina llevándonos a murmurar contra Dios.
Israel vivió exactamente esto. En el desierto, añoraban las “ollas de carne” de Egipto, un pasado de esclavitud, sí, pero con comida segura. Por mirar atrás con nostalgia, perdieron de vista que estaban caminando hacia la Tierra Prometida. Mirar atrás con demasiada insistencia puede hacernos desear una esclavitud cómoda en lugar de una libertad desafiante.
La Biblia nos advierte sobre esta tendencia humana a idealizar el pasado y a comparar negativamente el presente, en Eclesiastés 7:10,
«Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría». 
Aquí nos dice con toda claridad que añorar el pasado no es sabio, ya que a menudo idealizamos lo que fue y minimizamos los problemas de aquel tiempo y dejamos de ver la obra de Dios en el presente.
La invitación bíblica es a vivir plenamente en el presente, confiando en que Dios está actuando hoy, no solo ayer. El peligro de vivir recordando los “buenos tiempos” es que nos paraliza. Filipenses 3:13–14 nos presenta la estrategia espiritual correcta:
“…olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…”
La Biblia considera valioso recordar las maravillas de Dios, pero también nos advierte contra la actitud de “todo tiempo pasado fue mejor”, que suele aparecer cuando el corazón se desanima o cuando sentimos que la fe ya no es tan vibrante como antes.
Si buscas únicamente las bendiciones de hace diez o veinte años, no verás las que Dios puso en tu mesa hoy. En tiempos difíciles necesitamos “ojos de presente” para reconocer la ayuda inmediata de Dios en medio del caos.
En lugar de preguntar “¿Por qué antes esto o aquello era mejor?”, preguntémonos:
“¿Qué está haciendo Dios en mí hoy que me fortalecerá para mañana?” 
El pasado ya cumplió su propósito; el presente es el taller donde Dios sigue formándonos.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 19 de abril 2026.

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