PABLO ANTE AGRIPA – Hechos 25:13-17
Meditación bíblica sobre Hechos 25:13-17 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Seguimos con el Libro de los Hechos: Festo no pudo complacer a los líderes judíos, pues Pablo, como ciudadano romano, apeló a César y así se libró de las manos de los judíos, quienes persistían en su intento por matarle. También, en sus muchas acusaciones contra Pablo, se añadió una más contra el gobierno de Roma, es decir, del emperador, intentando dar un sesgo político a algo religioso.
Seguimos adelante con la meditación del día de hoy: Pablo ante Agripa, Hechos 25:13-27.
Festo presentó el caso al rey Agripa, de Pablo, haciendo mención de que esto era algo que Félix había dejado sin terminar. Recordemos que, para este momento, Pablo ya llevaba dos años en custodia por las autoridades de Roma.
Así, Festo relata al rey Agripa que, estando él en Jerusalén, las autoridades judías le pidieron condenar a Pablo, a lo que él respondió que, de acuerdo con las costumbres romanas, no se podía condenar ni entregar a nadie sin antes el acusado tuviera un careo con sus acusadores, y Festo así lo hizo (versículos 15 y 16). Más adelante, en el 18 y 19, ya estando Festo en Cesarea, dice que ninguna acusación de las que presentaron contra Pablo fue conforme a sus sospechas, solo la de un cierto Jesús, ya muerto, pero que Pablo afirmaba estar vivo.
Así, en el versículo 20, Festo dice que, “dudando semejante cuestión, le preguntó a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado ahí”. Sin duda, Festo, en todo esto, siempre buscó quedar bien con las autoridades judías; no se trataba de hacer justicia, y esto Pablo bien lo sabía. Por tal motivo, Pablo apeló a César.
Todo este asunto llamó poderosamente la atención de Agripa, y en el versículo 21, Agripa dijo: “Yo también quisiera oír a este hombre”, y Festo le dijo: “Mañana lo oirás”. Del versículo 23 en adelante, dice que al día siguiente Agripa y Berenice se presentaron en el tribunal, muy probablemente vistiendo los mantos púrpuras de la realeza y, con ellos, oficiales de alto rango del gobierno romano y distinguidas personalidades. Después de toda esta procesión y solemnidad, Festo mandó que trajeran a Pablo.
Podemos notar que, para las autoridades y personalidades romanas, el asunto de Pablo no era un caso pequeño; seguramente era un caso que se debatía constantemente entre oficiales y autoridades, por tal motivo, un asunto que pocos ignoraban. Asimismo, para Festo no fue fácil manejar este asunto y, sin duda, hasta bochornoso, al no saber qué hacer y qué reportar en este asunto (versículo 26).
Finalmente, parecería increíble que toda esta solemnidad fuera por un pequeño hombre judío quien predicaba el evangelio de Jesucristo, pero el Señor Jesús le hizo una promesa a Pablo, diciéndole que él sería el instrumento escogido para que diera testimonio a gentiles y reyes (Hechos 9:15). Después de este testimonio, que es uno de los más largos de Pablo, todos sus conscientes sabrían cómo ser salvos y no tendrían excusa.
