EL REY QUE VINO A SERVIR – MATEO 20:28
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Meditación bíblica sobre Mateo 20:28 por el Pbro. Pedro Arcos Sánchez
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Hoy vamos a meditar el Evangelio de Mateo, capítulo 20, verso 28.
“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”
Jesús va subiendo a Jerusalén por última vez. Le queda poco para morir en la cruz. Es el tercer anuncio de su muerte.
¿Qué acababa de pasar? Dos minutos antes, la mamá de Jacobo y Juan le pide a Jesús. Manda que mis dos hijos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu reino. O sea, quería los dos mejores puestos para sus hijos.
Cuando Jesús se arraigó, ¿cómo reaccionaron los otros diez? Se indignaron. ¿Por qué? No porque fueran humildes. Se enojaron porque ellos también querían esos puestos.
Todos peleaban por ser el primero. Jesús los llama y les enseña. Los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas.
Pero entre ustedes no será así. Y termina con el verso veintiocho que es nuestro texto. ¿Cómo pensaba la gente? Ser grande es mandar.
En el Imperio romano, los reyes y césares eran servidos. Tenían esclavos, poder, y la gente les besaba los pies. Si eran importantes, los demás te servían a ti.
El Mesías que esperaban: los judíos esperaban un rey guerrero, un Mesías que sacara a los romanos a espada y se sentara en un trono de oro. Un rey servido, no un rey servidor. La palabra rescate, en ese tiempo, rescate era el precio que se pagaba para liberar a un esclavo o a un prisionero de guerra.
Si no pagabas, esa persona se moría o seguía esclava toda la vida. O sea, Jesús está diciendo algo loco para esa época. El rey no viene a que le sirvan.
Vienen a pagar con su vida para liberar esclavos. Así como el Hijo del Hombre. Hijo del Hombre era el título que Jesús más usaba para sí mismo.
Viene de Daniel, capítulo siete, los versos trece a catorce. Habla de un rey divino que recibe todo el poder y la gloria. Contraste, el rey más glorioso del universo no vino a usar su poder para él.
No vino para ser servido. Jesús tenía todo el derecho de que los ángeles le sirvieran. Podía mandar que la gente le lavara los pies, pero no vino a eso.
Él es Dios, y aun así no exigió trono, trato de rey, sino para servir. ¿Cómo sirvió Jesús? Lavó pies de traidores, sanó leprosos que nadie tocaba, comió con pecadores, cargó niños y todo sin cobrar. Servir, ponerse abajo para levantar a otro y para dar su vida en rescate por muchos.
Aquí está el corazón del Evangelio, rescate, precio pagado, para liberar a un esclavo. ¿De quién éramos esclavos? Del pecado, de la muerte, del diablo. ¿Cuál fue el precio? Su vida.
No pagó con oro, pagó con su sangre en la cruz. ¿Por cuántos? Por muchos. Por todos los que creen en Él.
De toda nación, no todos son salvos automáticamente, pero su muerte es suficiente para salvar a millones. ¿Qué hago con esto hoy? Para tu corazón, deja de pelear por el primer lugar si Jesús, siendo rey, lavó pies. ¿Quién soy yo para exigir que me sirva? Pregúntate.
¿En mi casa, en la iglesia, en el trabajo, estoy esperando que me sirvan o estoy buscando a quién servir?
