¿Leche o alimento sólido? El deber de crecer en el conocimiento de Dios
En el reino vegetal y animal, la falta de crecimiento en un organismo vivo es una señal inequívoca de enfermedad o sofocación. Ningún padre contempla a su hijo recién nacido esperando que se mantenga como un bebé para siempre; por el contrario, el deseo natural es verlo desarrollarse, fortalecerse y alimentarse con comida sustanciosa. Sorprendentemente, en el ámbito de la fe, a menudo toleramos un fenómeno que debería causarnos profunda alarma: la inmadurez espiritual prolongada.
El autor de la Epístola a los Hebreos confronta severamente esta anomalía en la vida del creyente. Al dirigirse a su congregación, les recrimina que, habiendo transcurrido el tiempo suficiente para que ya fuesen maestros, aún necesitaban que se les enseñaran los primeros rudimentos de las palabras de Dios. Se habían vuelto «lentos para oír», dependiendo exclusivamente de la «leche» espiritual cuando ya debían estar comiendo «alimento sólido» (Hebreos 5:11-12).
Bajo la perspectiva de la teología reformada, comprendemos que la santificación es un proceso continuo e ininterrumpido. El Catecismo Menor de Westminster nos recuerda que la santificación es la obra de la libre gracia de Dios mediante la cual somos renovados en todo nuestro ser y capacitados cada vez más para morir al pecado y vivir a la justicia (P. 35). Sin embargo, esta obra del Espíritu no anula nuestra responsabilidad de ejercitarnos en el conocimiento bíblico. La doctrina no es un lujo para académicos ni una mera curiosidad intelectual; es el alimento indispensable que nutre la fe para sostenernos en medio de la prueba y preservarnos ante el peligro de la apostasía.
El pasaje nos enseña que «el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» (Hebreos 5:14).
El discernimiento espiritual no nace de las emociones del momento ni de nuestras opiniones personales. Se forma cuando aprendemos, de manera constante, a mirar la vida a la luz de la Palabra de Dios. Por eso, el creyente que no profundiza en la Biblia ni entiende las enseñanzas básicas del Evangelio queda vulnerable, ya que puede ser confundido fácilmente por falsas enseñanzas o por las presiones sutiles de la cultura actual.
¿Te conformas con un conocimiento superficial y fragmentado de la Biblia, o anhelas las profundidades de la gracia divina reveladas en Cristo? Comprométete hoy a ir más allá de la leche espiritual. Haz del estudio bíblico personal, la lectura de buena literatura teológica y la instrucción en la Escuela Dominical prioridades innegociables en tu vida cristiana.
Dios promete que, a medida que buscamos conocerle con diligencia, Él fortalecerá nuestros pasos y nos hará dar fruto abundante para su gloria.
IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 20 de septiembre 2026.
