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FIDELIDAD AL EVANGELIO EN TIEMPOS DE CONFUSIÓN

En la actualidad, diariamente recibimos mensajes que prometen bienestar, éxito, aceptación, plenitud o propósito. Las redes sociales, la cultura contemporánea e incluso algunos discursos religiosos compiten por captar nuestra atención y moldear nuestra manera de pensar. Sin embargo, en medio de tantas propuestas, surge una pregunta esencial para la iglesia de Cristo: ¿cómo reconocer aquello que verdaderamente proviene de Dios?

Esta misma preocupación estaba presente en las iglesias de Galacia. Poco tiempo después de haber recibido el Evangelio, algunos creyentes comenzaron a escuchar enseñanzas que añadían requisitos humanos a la obra perfecta de Cristo. Lo que parecía una pequeña modificación terminó convirtiéndose en una grave distorsión. Por eso el apóstol Pablo expresa su sorpresa y su preocupación al ver cuán rápidamente algunos se estaban apartando de la verdad para seguir un «evangelio diferente».

Lo que estaba en juego no era un detalle secundario de la fe. Era el corazón mismo del mensaje de salvación. Pablo comprendía que cuando el Evangelio es alterado, aunque sea ligeramente, deja de ser el Evangelio. La gracia ya no es gracia cuando se mezcla con méritos humanos. La suficiencia de Cristo deja de ser suficiente cuando se añaden requisitos que Dios nunca estableció.

Aunque han pasado muchos siglos, el desafío continúa siendo el mismo. Hoy también existen propuestas que intentan sustituir la sencillez y la profundidad del Evangelio. A veces se presenta una fe basada en el rendimiento personal, como si Dios nos aceptara por nuestro desempeño espiritual. Otras veces se promueve una visión centrada exclusivamente en el bienestar material, reduciendo la obra de Cristo a una fórmula para alcanzar prosperidad. También existe la tentación constante de adaptar nuestra fe para obtener la aprobación de la sociedad, sacrificando verdades esenciales para evitar el rechazo.

La Reforma protestante del siglo XVI nos recordó que la autoridad final no descansa en las opiniones humanas ni en las tradiciones cambiantes, sino en la Palabra de Dios. Cuando la iglesia regresa a las Escrituras, encuentra nuevamente la claridad del Evangelio y la seguridad de la gracia divina.

En este Mes de la Reforma somos llamados a examinar aquello en lo que estamos confiando. ¿Descansamos plenamente en la obra consumada de Cristo? ¿O hemos comenzado a beber de otras fuentes que prometen satisfacción, pero terminan dejándonos vacíos?

El Señor sigue invitando a su pueblo a volver a la fuente de agua viva. En Él encontramos verdad para nuestros tiempos de confusión, gracia para nuestros fracasos y esperanza para nuestro caminar diario. Que este domingo podamos acercarnos con corazones humildes, dispuestos a escuchar nuevamente el Evangelio que transforma, sostiene y da vida.

Porque una iglesia permanece firme no cuando sigue las corrientes de su tiempo, sino cuando permanece arraigada en la verdad eterna de Jesucristo.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 4 de octubre 2026.

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