Dale tus preocupaciones a Dios

Meditación sobre Filipenses 4:7 por el A.I. Saulo Murguia

Transcripción

En estos días, toda la información que recibimos constantemente sobre lo que está ocurriendo puede crear en nosotros mucha preocupación.

Hay personas que experimentan problemas de ansiedad, y esto se entiende, ya que puede resultar complejo adaptarse a la incertidumbre que vivimos.

Esas emociones y sensaciones que tenemos -se nos dice- son normales en una situación que no es normal y nos produce miedo, agobio e inseguridad.

Pero escuchen lo que dice el Señor Jeús en el evangelio de Mateo:

«¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?» Mateo 6:27

Preocuparse no cambia nada excepto a ti, y no precisamente para bien.
La preocupación no va a pagar tus cuentas, no va a resolver tus problemas familiares ni va a hacer que tengas un sueño tranquilo y reparador, de hecho hará todo lo contrario.

Al preocuparte no añades un día a tu vida ni un poco de vida a tu día.
Pero si te puede hacer envejecer prematuramente y morir antes de tiempo.

Escuchen con atención estas dos citas de las Sagradas Escrituras:

«Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre.» (Salmo 125:1).

«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.» (Isaías 26:3).

Notamos que la misma palabra en ambas Escrituras es «confianza».

¡La preocupación simplemente revela nuestra falta de confianza en Dios!

¿Que es lo que pasa?, ¿en quién confiamos? ¡en nosotros mismos! Y entonces, cuando eso ya no funciona, estamos dispuestos a entregarle el problema a Dios.

Cuando confías en Dios, «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.». (Filipenses 4:7)

Pablo está usando aquí una metáfora militar.

Los filipenses vivían bajo la ocupación romana, lo cual era malo.
Pero sabían que los guardias romanos también custodiaban el pueblo, los cuidaban, estaban protegidos, lo cual era bueno.

Sabían que para que un enemigo pudiera alcanzarlos, primero tenía que pasar a los guardias.

Eso es precisamente estar «en Cristo Jesús»
Y debido a que estás «en Cristo Jesús», el enemigo tendría que vencerlo primer para poder llegar a ti.

¿logran captar la imagen?

¡Nada, absolutamente nada, puede llegar a ti sin antes pasar por Él!

Cuando esta verdad es parte de tu vida, la paz de Dios llenará tu corazón y tu pensamiento.

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