Maravilloso perdón

Meditación sobre Génesis 45:1-16 por el A.I. José Antonio Velázquez
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Transcripción…

No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.
Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.
Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.
Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.
Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.
Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.
Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.
Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.
Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.
Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.
Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él. Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos.

Hoy vamos a conocer la verdadera cara de José, pues se va a presentar ante sus hermanos tal cual y ese rostro duro, severo, e inquisidor que les había mostrado, se va a transformar, primero en un llanto incontenible lleno de los más dulces y sinceros sentimientos de amor.

Ha pedido estar a solas con sus parientes pues no quiere que nada impida la revelación de su persona.

Todos pensaríamos que está lleno de resentimientos y que odia a sus hermanos por lo que le hicieron, más su única preocupación eran su padre y su hermano Benjamín, pues temiendo la maldad del resto de sus hermanos era de suponer que ni siquiera los tuvieran con vida, pero hoy se da cuenta del gran amor a su padre y hermano que ellos les tienen y ya está tranquilo, ve la transformación que a hecho Dios en sus corazones.

Después de revelar su verdadera identidad y al notar el gran desconcierto y temor de sus hermanos de una posible venganza les dice:

Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá, porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Gn. 45:5

Para José, hombre piadoso, todo está muy claro, la providencia de Dios ha actuado. ¿Quién iba a pensar que aquel muchacho quien fue vendido por sus hermanos como esclavo, acusado y sentenciado a permanecer en la cárcel por un delito que no cometió, hoy es un hombre visiblemente bendecido por Dios? que pertenece a la esfera más alta de la sociedad egipcia y fue delante de su familia para protegerlos de la hambruna, que ya lleva 2 años de propagarse por toda la tierra, siendo ya insostenible cuando aún faltan 5 años.

Si sus hermanos no lo hubieran vendido, nada de lo que hoy cuentan sería cumplido, más la providencia de Dios fue generosa con ellos, y les declara José :

Así, pues no me enviasteis acá vosotros sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.

Dios en su inmensa sabiduría se valió de aquel acto perverso e inhumano de los hermanos de José para que se cumpliera su propósito divino, en no mucho tiempo; por una parte ha salvado al pueblo Egipcio, pues siete años de carencia de alimentos son mortales para cualquier nación por muy poderosa que sea; y no se diga a la familia de Jacob a quien además inicia como el pueblo de Israel y preservar el linaje de quién a de llegar el Redentor.

Dios es soberano y sus planes no cambian por lo que haga la perversidad de los hombres, más aún, los ha de utilizar en su maldad para su propósito divino y soberano.

José nos enseña primeramente que aún estando en la cumbre de poder, no deja de ser humilde, ¿Cuántos de nosotros por estar en un puesto privilegiado en nuestro trabajo o negocio nos da por ofender a los subalternos? José no se olvidó de las enseñanzas de su fe, da gracias a Dios por su providencia, pues sabe que ha llegado a tan alto puesto para servir a su familia, al pueblo de Dios.

Vemos a José como un hombre piadoso que no por convivir y gobernar un pueblo pagano haya quebrantado su fe y amor a Dios.
También nos da un ejemplo de lo que es el perdón, pues los actos malvados de sus hermanos fueron encaminados a bien, para mantener a mucha gente con vida. Perdona a sus hermanos sin ningún reproche o sanción. José es un buen ejemplo de cómo Dios nos perdona aún cuando pecamos contra Él.

Así que si tenemos algún problema con nuestro hermano pongámonos a cuentas, busquemos su rostro y aprendamos a pedir perdón o perdonar según sea el caso.

Siempre debemos llevar en mente que Dios tiene el control de todas las cosas, y en la adversidad siempre nos lleva de la mano a su plan redentor.

José es un hábil intérprete de la providencia de Dios y no tan solo está consciente del sustento de nuestro Padre con antelación, sino que entiende que debe perdonar a sus hermanos ya que el Señor los tomó en su maldad como instrumentos útiles para su obra redentora. Y estos muestran un gran arrepentimiento por sus actos pasados, y hoy son grandes protectores de Jacob, su padre, y de Benjamín el hermano menor.

El corazón de José es un corazón sano, su Padre celestial ha cuidado de él, pues no hay rencor ni odio, no hay sed de venganza, por el contrario está lleno de amor y perdón, de amabilidad y bondad, y eso es una fortaleza que Dios le ha dado y que le permite gozar de ese momento de encuentro.

Es importante entender que Dios es el dueño de la historia y que la justicia se da solo por su mano.
Confiemos plenamente en Él.

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