Dios nos conoce – Salmo 139

Meditación bíblica sobre Salmo 139 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Voy a leer el Salmo 139, que se divide en cuatro partes de seis versículos cada una.
Sigamos la lectura con atención para meditar un poco acerca de lo que dice.

1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.

7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.

13 Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16 Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
18 Si los enumero, se multiplican más que la arena;
Despierto, y aún estoy contigo.

19 De cierto, oh Dios, harás morir al impío;
Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti;
Tus enemigos toman en vano tu nombre.
21 ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen,
Y me enardezco contra tus enemigos?
22 Los aborrezco por completo;
Los tengo por enemigos.
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
24 Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

En el Salmo 139 David se dirige a Dios en oración y medita sobre la omnipresencia y omnisciencia de Dios, y el efecto que esto tiene en nuestro corazón.

Omnipresencia significa que Dios tiene la capacidad de estar presente en todas partes al mismo tiempo.
Omnisciencia significa que Dios lo sabe todo. Que su conocimiento no es limitado.
Él ve las cosas a la vez y en su totalidad, mientras que nosotros solo conocemos a medida que los objetos de conocimiento se nos presentan, poco a poco. Dios piensa sobre todas las cosas a la vez.

Conocer a Dios genera gratitud y alabanza por quién es Él y lo que hace por nosotros.

Fuimos creados por Dios para glorificarlo a Él.

La forma en que respondemos ante las dificultades, la injusticia, el dolor, etc. tiene que ver directmante con el conocimiento que tenemos de Dios.

A lo largo del Salmo 139, David medita sobre esas dos cosas: la omnisciencia y la omnipresencia de Dios.

Charles H. Spurgeon en «El Tesoro de David» dice lo siguiente «ya que el que ve y oye los hechos y palabras abominables de las rebeliones seguramente tratará con ellos según su justicia».

Al entender quién es Dios, podemos entender quiénes somos y de quién.

El vivir en el amor de Cristo Jesús, Emanuel (Dios con nosotros), cambia nuestros corazones para siempre y continuamente durante toda nuestra vida.
Dios conoce el corazón de cada uno de nosotros.

Dios formó cada detalle de nosotros y creó la estructura de quiénes somos, desde mucho antes que nuestras madres siquiera nos conocieran.

Em este Salmo 139 Dios nos ayuda a vernos a nosotros mismos y a los demás desde la perspectiva de Dios. Y desde esa perspectiva no podemos tener una visión crítica de nosotros mismos y de los demás.

Fuimos formados con el propósito de dar gloria a Dios.

Nada en nosotros es accidental.
Dios no simplemente nos permite ser de cierta manera o tener un determinado rasgo físico oa mental: cada célula de nuestro ser es intencional.

Matthew Henry, escribe «Dios tiene un conocimiento perfecto de nosotros y todos nuestros pensamientos y acciones están abiertos ante él».

No podemos controlar los pensamientos que vienen a nuestra mente durante todo el día, todos los días, y en todo momento.
Pero las Escrituras dicen que tenemos que llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

1 Corintios 10:5
«derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo»

Dios ve a cada uno de los pensamientos que entran en nuestra mente. Conoce nuestras palabras antes de que las pronunciemos.
Él sabe lo que haremos. Él tiene nuestros días contados.
Dios nos conoce íntimamente, por dentro y por fuera.

La Escritura, al hablar de nuestro corazoón, se refiere a donde reside nuestra alma y donde tomamos decisiones y guardamos todas nuestras creencias.
Nos conoce. Nada de lo que ve ahí le va a sorprender.

Dios es omnisciente, por lo tanto Él sabe lo peor de nosotros, y a pesar de ello nos ama. El apóstol Juan escribe:
«Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.» (1 Jn. 3:19-20).

No estamos escondidos, ni debemos sentirnos obligados -ya sea por la culpa o la vergüenza- a escondernos de Dios. De ninguna manera ya que nuestro Dios nos conoce íntimamente.

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