Corazón endurecido: La urgencia del arrepentimiento ante la justicia divina – Romanos 2:5
Meditación bíblica sobre Romanos 2:5 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La ira de Dios como respuesta justa al pecado humano
Cuando hablamos de los capítulos 1 y 2 de Romanos vimos que la ira de Dios no es un arrebato emocional ni un acto caprichoso. Es una respuesta legítima y necesaria a nuestras decisiones conscientes de ignorarlo y de resistirnos deliberadamente a Su soberanía. Nuestra negativa a buscar a Dios y adorarlo no es resultado de desconocimiento involuntario, sino un acto intencional de desafío.
Desde la creación misma, Dios ha revelado su existencia y poder de manera evidente. Romanos 1:20 afirma que las obras de la naturaleza (la creación) son una revelación tan clara de su carácter de Dios que nadie tiene excusa para negarlo. Sin embargo, al elegir rechazar esta verdad, queda en evidencia la dureza de nuestros corazones y nuestra falta de gratitud hacia Él.
Lectura Romanos 2:5:
Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,
Corazón no arrepentido
El apóstol Pablo desarrolla esta idea en Romanos 2:5, donde enfatiza que la ira de Dios está dirigida hacia nuestra obstinación y corazones no arrepentidos. Este término, “corazón no arrepentido” conecta directamente con Romanos 2:4, que dice:
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Aquí se nos presenta un contraste entre dos caminos posibles.
Por un lado, podemos menospreciar lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios con nosotros y no ver que la bondad de Dios es para guiarnos al arrepentimiento y abandonar nuestro pecado.
Y por otro lado, que la bondad de Dios nos guía a arrepentirnos. El arrepentimiento es un cambio de corazón que reconoce Su gracia y busca restaurar nuestra relación con Dios.
Y aquí, Pablo deja claro que lamentablemente, muy a menudo, optamos por el camino equivocado, y endurecemos aún más nuestro corazón frente a la paciencia de Dios.
2 Pedro 3:9, señala que la paciencia de Dios no es indiferencia hacia el pecado, sino, en realidad, es una oportunidad para que todos vengan al arrepentimiento. Dice así:
El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Acumulando juicio sobre nosotros mismos
En Romanos 2:5, Pablo explica que nuestra terquedad no solo demuestra nuestra resistencia a la bondad de Dios, sino que acumula juicio sobre nosotros. Eso significa que la paciencia y tolerancia de Dios nos dan tiempo para cambiar, pero al no hacer caso, estamos haciendo más intensa nuestra propia condena.
Esto tiene mucho que ver con el concepto de la revelación natural de Dios, como podemos ver en Salmos 19:1-4, donde se proclama que los cielos cuentan la gloria de Dios y la creación entera habla de Su obra. Al negar esta verdad, no solo rechazamos a Dios, sino que mostramos desprecio por la misericordia que se nos ofrece.
El justo juicio de Dios se fundamenta en dos razones principales:
- Hemos rechazado la revelación natural de Su existencia, claramente visible en la creación.
- Hemos despreciado la bondad y paciencia de Dios, que deberían llevarnos al arrepentimiento.
La revelación de la ira de Dios en la historia y la naturaleza
Tengamos muy en cuenta lo que dice Romanos 1:18:
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
Aquí introduce un concepto esencial: la ira de Dios no está reservada únicamente para un futuro día de juicio; se manifiesta en el presente, como una advertencia y una evidencia de la santidad de Dios. Esta ira de Dios se ha manifestado a lo largo de la historia, desde el juicio sobre Adán y Eva en el Edén, hasta los castigos ejemplares como el diluvio o la destrucción de Sodoma y Gomorra.
Pero, la mayor manifestación de la ira de Dios fue a través de la muerte de Jesús, quien llevó sobre sí la justa indignación de Dios contra el pecado para que nosotros pudiésemos ser reconciliados con Él.
Veamos lo que dice en Romanos 5:8-9,
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
El efecto corrosivo del pecado en nuestras vidas
Además, Pablo destaca en Romanos 1 que la ira de Dios también se puede ver en el efecto corrosivo que el pecado tiene en nuestras vidas.
Sin arrepentimiento, el pecado no solo nos separa de Dios, sino que también distorsiona nuestra moralidad; nos lleva a justificar lo malo y rechazar lo bueno.
Esto se alinea con Isaías 5:20, donde se advierte contra aquellos que llaman al mal bien y al bien mal. Dice de la siguiente manera:
¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
Reflexión final: Evidencia de la ira de Dios en nuestro mundo
Finalmente, el caos moral y espiritual que observamos en el mundo de hoy, e incluso en nuestras propias vidas, es una prueba tangible de que la ira de Dios no es ficción. Es una realidad que nos llama a tomar en serio nuestra condición espiritual y buscar Su gracia mientras aún hay tiempo.
