DANDO A DIOS LA GLORIA – Hechos 14:8-18

Meditación bíblica sobre Hechos 14:8-18 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

La semana pasada pudimos notar cómo el mensaje de las Buenas Nuevas no siempre es bien recibido, al punto que en ocasiones causa tal rechazo en los incrédulos que incluso van en contra de quien da o lleva el mensaje. Situación que llevó a Pablo y a Bernabé a salir huyendo a Listra y Derbe, en Licaonia, llevando a esta región el mensaje de salvación. Y para esto daremos lectura a Hechos 14:8-18. Dice así:

Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.

Amén.

Es interesante notar que Pablo no inicia su mensaje haciendo referencia a promesas o mandatos hechos por Dios o los profetas del Antiguo Testamento. No lo hace así, pues sus oyentes eran hombres paganos, ya que el mismo Lucas, quien escribió este libro, nos dice que frente a la ciudad había un templo a Júpiter. Así, teniendo esto presente, Pablo inicia su mensaje hablando acerca de la creación.

Pero antes vamos al milagro de sanación del hombre lisiado de nacimiento, que por cierto es muy parecido al que realiza Pedro en Jerusalén.

Entonces dice que Pablo, fijando sus ojos en él y viendo su fe, fue sanado. Esto nos recuerda lo que se dice acerca de que los ojos son la ventana del corazón o del alma. Y ciertamente no se nos dice lo que vio Pablo, pero sin duda pudo ver que su fe era genuina. Para este hombre lisiado de nacimiento, el mensaje acerca del poder creador de Dios fue suficiente, este hombre entendió que si Dios hizo los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay (versículo 15), supo sin lugar a duda que este Dios creador podría sanarlo. Y el apóstol Pablo, viendo su fe, le dio la sanidad, razón que llevó a estos hombres paganos a querer adorar a Pablo y a Bernabé como dioses de la mitología griega, Zeus y Hermes, Júpiter y Mercurio respectivamente.

Digamos que esta reacción podía ser de esperarse dado el templo del Dios Júpiter que había en la región y que es mencionado en el versículo 13.

Sin embargo, vale la pena aclarar que estos hombres, considerados de pocas letras, creyeron en el mensaje de salvación que les fue compartido. Pues esta ciudad fue visitada por Pablo en tres ocasiones y en su segundo viaje, Pablo reclutó de allí a Timoteo.

Algo más, dice ahí (versículo 14), que Bernabé y Pablo rasgaron sus ropas, esto en señal de blasfemia, al ver lo que ellos pretendían hacer, dando a ellos el lugar y gloria que sólo Dios, el Padre y el Hijo merecen.

También mencionamos al inicio de esta meditación que el mensaje de Pablo primeramente fue acerca del Dios de la creación.

Con esto, Pablo nos enseña la importancia de buscar siempre un punto de conexión, donde comenzar con los oyentes, hasta llegar al mensaje de perdón y salvación en Cristo.

Finalmente, este relato nos enseña la gran importancia de saber y tener muy presente quién es el que está obrando, con señales, prodigios y milagros, y que, en el asombro de la gente y la falta del conocimiento del poder de Dios, el hombre, en su ego y olvidando quién es él, quiera adjudicarse un lugar, honor y gloria que sólo a Dios le pertenece.

Sólo a Dios la gloria.

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