PABLO, FIEL TESTIGO – HECHOS 26:19-23
ESCUCHAR PODCAST:
Meditación bíblica sobre Hechos 26:19-23 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Pablo ha relatado su conversión camino a Damasco.
El Señor Jesucristo le salió al encuentro y cambió completamente su vida. Lo primero que Pablo pudo notar es que la luz de la gloria del Señor Jesús resplandecía mucho más que el sol. Jesús no estaba muerto y ahora Él sería ministro y testigo de Jesucristo.
De perseguidor pasó a ser un siervo y fiel testigo del Señor Jesús. Todo aquel que tiene un verdadero encuentro con Jesús, su vida nunca será la misma.
Seguimos adelante con el testimonio de Pablo. Ahora Pablo hablará de su trabajo como testigo de Jesucristo. Lean, por favor, Hechos 26:19-23.
Toda aquella persecución que a Pablo le parecía correcta desapareció de un momento a otro. Pablo dijo: “No fui desobediente a la visión”, describiendo esta visión como celestial, siendo para Pablo lo más relevante, no la petición en sí, sino de dónde venía y quién se la hacía. Así todas sus dudas se aclararon, entendiendo que Jesús era el Cristo y quién le hacía tal petición, comisionándole y así lo hizo.
Recordemos lo hecho por Ananías, relatado por Lucas en Hechos 9:17-19. Así Pablo se quedó en Damasco, donde por vez primera se reunió con los discípulos por algunos días; luego fue a Jerusalén, después a Judea y finalmente a los gentiles. Después hay algo más que es por demás muy interesante. Les habla de Jesús el Cristo, valiéndose únicamente de las Escrituras que hasta ese momento había, es decir, el Antiguo Testamento. Pablo les predica a Cristo a través del Antiguo Testamento, convirtiéndose a Cristo y, como resultado de su conversión, haciendo buenas obras. Sin duda, para Pablo, como para todo fiel creyente, la salvación es por gracia, por la fe (Efesios 2:8), siendo las buenas obras un resultado de la salvación del que se ha convertido y ahora cree y testifica a Jesucristo.
Esto es lo que hizo Pablo. Habló lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería, que el Cristo debía padecer y que al tercer día resucitaría, siendo luz en este mundo. Para Pablo, como para todo fiel creyente, Cristo es quien nos levanta cuando caemos, quien nos sostiene en la prueba, y su luz y su Santo Espíritu nos guían en el conocimiento de Su Palabra, para así testificar de Él.
Termino con lo que dice Hechos 1:8: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”.
