La ira de Dios – Romanos 1:18

Meditación bíblica sobre Romanos 1:18 por el A.I. Saulo Murguía A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

No se habla frecuentemente de la ira de Dios.

A la mayoría de los cristianos que conozco no les gusta pensar en la ira de Dios.
Rara vez escuchamos esta frase en los servicios de adoración o en conversaciones de grupos de estudio. Generalmente, este tema no es parte de las devociones diarias personales de la mayoría.

Cada vez que alguien menciona la ira de Dios en una conversación, en un grupo de estudio o en una clase de Escuela Dominical podemos notar que muchos se inquietan y se apresuran a cambiar de tema y hablar de temas «más bonitos», «más inspiradores», como las promesas de Dios o el amor de Dios. Especialmente cuando la ira de Dios se aplica a nosotros personalmente.

Parece que -para muchos- la idea de que la ira de Dios y el amor de Dios son cosas totalmente opuestas y no hay forma de reconciliarlas.

Solo para mencionar un ejemplo:
En el Salmo 79:6, el salmista (Asaf) pide al Señor que derrame su ira sobre las naciones que se niegan a reconocerlo. Dice:

«Derrama tu ira sobre las naciones que se niegan a reconocerte, sobre los reinos que no invocan tu nombre.»

Esto suena extremadamente políticamente incorrecto. En la actualidad esto sería calificado como un discurso de odio.

En nuestro contexto cultural -sin entender con claridad lo que es «la ira de Dios»- es comprensible que muchos se sientan incómodos al leer este tipo de pasajes y traten a toda costa de evitarlos.

Sin embargo, aunque no entendamos la ira de Dios, el hechos es que sin ella -sin la ira de Dios- no podemos tener el amor de Dios.

¿Qué es la ira de Dios?

La ira de Dios y la ira humana son muy diferentes.

La ira humana frecuentemente puede llevar a acciones explosivas. Puede ser provocada por algo o sin ninguna provocación. Puede haber ira simplemente por que alguien «amaneció de malas» y arremete contra quien se atraviese en su camino, ya sea el conductor del auto de al lado o el vecino que no lo saludó o algún compañero trabajo.

Dios nunca está de malas. Dios no actúa por capricho, golpeando a todo aquel que le desagrada.

No podemos profundizar hoy mucho por cuestiones de tiempo, pero hay varias cosas que debemos saber sobre la ira de Dios.

1 La ira de Dios es justa

La ira de Dios se refiere al justo juicio de Dios, no principalmente a sus sentimientos de ira, aunque la palabra «ira» tiene esta connotación. Pedir la ira de Dios es pedirle que ejecute justicia sobre quienes la merecen. Y eso es correcto.

La ira de Dios es una respuesta al mal y al pecado que hay en este mundo. La ira de Dios surge de una reacción a actos atroces que han corrompido las almas humanas y el mundo en el que vivimos.

Dios no derrama inmediatamente su ira sobre la creación. La Biblia describe a Dios como: lento para la ira (Salmo 103:8).
«Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia.»

Dios les da a las personas una oportunidad para arrepentirse y alejarse del pecado que les ha hecho a la vez alejarse de Él (Jonás 3).

2 La ira de Dios, cae sobre todos los seres humanos.

El pasaje de hoy Romanos 1:18, dice:
«Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;».
En Romanos 2:5 dice,
«Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios»

Más adelante en esa misma epístola vemos que nosotros somos dignos de la ira de Dios:
«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, » (Romanos 3:23).

Como lo hemos dicho en alguna otra ocación, éstas son malas noticias. Pero, estas malas noticias llevan a buenas noticias.

3 Cristo Jesús llevó en sí mismo la ira de Dios y murió en lugar de nosotros – pecadores.

En Romanos 5:9 proclama: «Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira».
Somos salvos de la ira de Dios.

Entonces, en nuestras oraciones y en todo lo que hacemos, buscamos la justicia de Dios.

Las personas -y las naciones- aquellos que rechazan a Dios son también aquellas personas por las cuales murió Cristo, oramos por su redención.
Pedimos que Dios derrame su gracia sobre todos los hombres, incluso sobre aquellos que lo rechazan.

Para concluir hoy, les dejo una pregunta para reflexión:
¿Debemos temer a la ira de Dios?

Hablaremos de ello la próxima semana

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