LIDERAZGO Y HUMILDAD EN LA IGLESIA
Una de las imágenes más repetidas por Jesús para describir su relación con nosotros es la del pastor y su rebaño. No es casualidad. En esa figura se revela un tipo de liderazgo que no nace del poder, sino del cuidado, de la responsabilidad y del amor que guía hacia la vida. Por eso, cuando el Señor Jesús resucitado le dice a Pedro: “Apacienta mis ovejas”, no le entrega un título, sino un encargo: cuidar, proteger y conducir a la iglesia en Su nombre.
Ese mismo Espíritu define el oficio de los ancianos de la iglesia. Su tarea no es representar preferencias, sino representar el cuidado de Cristo. No son administradores de expectativas, sino guardianes del camino. Su responsabilidad es discernir la voz del Pastor Supremo y conducir a la comunidad hacia la madurez, incluso cuando ese camino no coincide con lo que la mayoría preferiría en un momento dado.
En contraste, vivimos en una cultura donde la democracia se ha convertido en la medida de todo. Y aunque la participación de la iglesia es valiosa y necesaria, la vida espiritual no puede regirse por la lógica de “lo que la mayoría quiere”. Cuando el rebaño intenta decidir el rumbo, suceden cosas sutiles pero profundas: la verdad se vuelve opinión, la misión se diluye, la madurez se estanca y la iglesia pierde dirección. No porque las ovejas sean malas, sino porque no fueron llamadas a guiar, sino a seguir al Pastor.
La Biblia nunca presenta a la iglesia como una asamblea donde las ovejas dictan el camino, ni como un espacio donde los líderes gobiernan por capricho. Presenta algo más hermoso y exigente: una comunidad donde Cristo guía, los pastores conducen y el rebaño participa con humildad y discernimiento. Cada parte cumple su papel para que el cuerpo crezca sano y unido.
Por eso, oramos por nuestros ancianos: para que escuchen la voz del Señor antes que cualquier otra, para que tengan valentía cuando deban corregir, ternura cuando deban acompañar y sabiduría cuando deban decidir. Y oramos por nosotros como iglesia: para que sigamos con confianza, para que participemos con espíritu humilde y para que recordemos que el objetivo no es que se haga nuestra voluntad, sino que Cristo sea formado en nosotros.
Una iglesia florece cuando el rebaño camina con humildad y los pastores guían con fidelidad, todos siguiendo al único Pastor y Obispo de nuestras almas.
IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 8 de marzo 2026.
