ARRESTO DE PABLO – Hechos 21:17-36
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Meditación bíblica sobre Hechos 21:17-36 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La semana pasada hablamos de la forma en que Pablo estuvo decidido a cumplir la voluntad de Dios, a pesar de los ruegos y genuinos sentimientos de sus amigos, de no ir a Jerusalén, donde le esperaban ataduras y sufrimientos. Pablo estaba determinado a cumplir la voluntad de Dios, sin importar que su vida corriera peligro. Ahora seguiremos adelante con la meditación del día de hoy.
Y para esto daré lectura a algunos de los versículos de Hechos 21:17-36. Dice así:
“Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos. Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Éfeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo. Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho. Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza. Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!” Hasta ahí la lectura.
A través de lo que Lucas nos narra, podemos notar cómo la autoridad romana nuevamente rescata al apóstol Pablo de la turba judía. Esto era algo que Pablo tenía que enfrentar constantemente en su ministerio. Por ejemplo, en Filipos (Hechos 16:35), en Corinto (Hechos 18:12), en Éfeso (Hechos 19:35). Sin duda, la autoridad de Roma defendía a los misioneros. Y ahora, en Jerusalén, donde Pablo es llevado en hombros para evitar su linchamiento.
Por otra parte, ciertamente Pablo había advertido a los gentiles a que no se enredaran en los ritos de la ley ceremonial. Esto es muy claro en Gálatas 3, cuando Pablo defiende el Evangelio de la Gracia y les hace notar su insensatez, diciéndoles que después de haber sido enseñados en el significado de la muerte del Señor Jesús, y habiendo recibido el Espíritu Santo por la fe, no tenían ninguna necesidad de completar esta obra. La cual, por cierto, fue perfecta, teniendo que cumplir la ley ceremonial. Así entonces, de ninguna manera, Pablo estaba diciendo que los judíos hacían mal por cumplir la ley ceremonial. Ellos, los judíos, tenían la libertad de hacerlo. Y así, del mismo modo, los gentiles podían no cumplir con esta ley.
Ambos eran libres de hacerlo o no hacerlo. Pues nuestra relación y justificación con Dios no depende del cumplimiento de dicha ley, sino de la gracia y la fe en Jesucristo. Para Pablo, como para nosotros, esto es lo verdaderamente importante. La obra redentora de Jesús en la cruz fue completa. Termino con una reflexión y pregunta. Aquí y ahora no estamos en la situación que estuvo el apóstol Pablo.
Sin embargo, sí se puede dar que seamos señalados y juzgados por familiares, amigos o vecinos al confesar nuestra fe en Jesucristo. Así que, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar o hacer por defender tu fe en Jesucristo, confesándolo como tu Señor y Salvador?
