Preocupación

7 de Junio 2020 | EDITORIAL

Una de nuestras preocupaciones es la iglesia “Berith”. Esto no es malo; más bien es sano y saludable. Las preocupaciones pueden ser enfermizas, enfocadas e indignas de la atención que llaman, pero también pueden ser correctas, acertadas y dignas de ocupar nuestra atención. Nuestra preocupación por la Iglesia “Berith” es de este último tipo.

El muy conocido diccionario Larousse da como la primera acepción de la palabra “preocupación” la anticipación o prevención que una cosa merece. Más tarde, como otra acepción relacionada, dice que la preocupación es cuidado o desvelo.

El diccionario de Uso del Español dice que una preocupación es un pensamiento o una idea que preocupa, como la preocupación por el porvenir de los hijos. Si algo es una preocupación es seguro que también será motivo de oración. De la misma manera será causa de actividad, como también razón de dejar otras inquietudes. Será un principio de orientación en la vida y la base para un sistema de valores.

Lo que más nos preocupa tendrá prioridad sobre otras cuitas y nos proporcionará un orden para disciplinar la atención. Si lo pensamos así, entonces la iglesia Berith debe preocuparnos más. Debe ocupar nuestra atención y ser motivo de oración. Una vez un psicólogo cristiano, a manera de un experimento, cada vez que se presentaba con un pastor, le preguntaba ¿Cómo va el problema de tu Iglesia? Algunos pastores respondieron que ya estaba el problema cuando llegaron a la Iglesia. Otros decían que ya estaba en vías de solución, mientras algunos otros confesaban que el problema les dejaba perplejos y buscaban solución. Algunos cuantos respondieron ¿Cuál problema? No tenemos problema.

Dijo el psicólogo que estos pastores también mentían en otros asuntos. El psicólogo no sabía del “problema” en concreto, pero sí sabía que si una Iglesia es viva y activa tiene problemas. Tener problemas es parte de la vida de una Iglesia. Si la Iglesia “Berith” es una Iglesia viva y activa también es una preocupación.

Editorial 7 de Junio Domingo 7 de enero 1990 Gerald Nyenhuis H. Boletín Buen Oleo

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