Hoy reflexionamos sobre las palabras de Jesús en Mateo 5:17–20, donde afirma que no vino a abolir la ley ni a los profetas, sino a cumplirlos. Con esto, el Señor confirma la plena autoridad del Antiguo Testamento como Palabra de Dios.
La ley abarca la enseñanza doctrinal, los principios morales y las profecías, muchas de las cuales se cumplieron perfectamente en Jesucristo. Jesús enseña que la Escritura es absoluta y eterna, que no puede ser modificada ni anulada.
Sin embargo, también deja claro que la justicia que Dios demanda va más allá del cumplimiento externo de la ley, como el de los escribas y fariseos. Dios mira el corazón y promete escribir su ley en nuestra mente y en nuestro interior por medio de su Espíritu.
Este pasaje nos recuerda que la ley revela nuestro pecado y nuestra necesidad de un Salvador, y que solo en Jesucristo, por la fe, podemos ser justificados y tener paz con Dios.
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