Amor y obediencia

Meditación sobre Juan 1:1-18 por el A.I. Saulo Murguia A.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Transcripción…

Juan 14:21-24

21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

El amor y los mandamientos parecen ser cosas opuestas: el amor sugiere libertad, los mandamientos pueden ser vistos como restricciones.

Pero el señor Jesús, aquí dice que uno no puede ir sin lo otro.

Algunas personas que conozco dicen amar a Dios, pero en realidad lo que tienen es un agradable sentimiento de afecto por la persona de nuestro Señor Jesús, que creen que este sentimiento tiene un valor por sí mismo y que no tiene nada que ver con llevar la cruz o con la observancia de los mandamientos de Cristo.

Es perfectamente posible sentir por Jesús un «amor ardiente» que no es del Espíritu Santo.

El corazón es experto en trucos emocionales y es completamente capaz de enamorarse de objetos reales o imaginarios y de ideas religiosas románticas.

En ese confuso mundo romántico, los jóvenes se preguntan constantemente cómo pueden saber cuándo están enamorados.

Temen confundir alguna otra sensación con el amor verdadero y buscan algún criterio confiable por el cual puedan juzgar la calidad de su última fiebre emocional.

Su confusión, por supuesto, surge de la noción errónea de que el amor es una pasión interior placentera, sin cualidades intelectuales (de la mente) o volitivas (de la voluntad) y sin obligaciones morales (de nuestro comportamiento en cuanto al bien o el mal).

Nuestro Señor nos dio una regla por la cual podemos probar nuestro amor por él:

"El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él." (v. 21)

y luego repite la misma idea pero de manera negativa:

"El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió." (v.24)

Estas palabras son demasiado sencillas para necesitar mucha interpretación. Pero reflexionemos en ellas.

La prueba del amor por Cristo simplemente se elimina por completo del ámbito de los sentimientos y se coloca en el ámbito de la obediencia práctica. Todo el resto del Nuevo Testamento está totalmente de acuerdo con esto.

Mis palabras, mis mandamientos
en el v. 21 dice que una prueba de que le amamos es que guardamos sus mandamientos
en el v. 21 dice que una prueba de que le amamos es que guardamos sus palabras

veamos que palabras usa en griego:

en el v. 21: ἐντολάς (mandatos) (mandamiento, orden, es decir prescripción autoritativa)

en el v. 24: λόγους (logus) de la palabra λόγος (logos) algo dicho (inclusivamente el pensamiento); por implicación tema (sujeto del discurso), también razonamiento (facultad mental) o motivo; por extens. cálculo; específicamente (en el evangelio Juan se refiere a Cristo mismo)

Las palabras del Señor Jesús son las palabras de Dios mismo y esas palabras son mandamientos para nosotros. Obedecerlas es indicativo de que le amamos.

Matthew Henry dice en su comentario:

Teniendo los mandamientos de Cristo, debemos guardarlos; como cristianos, de palabra y de hecho, tenemos los mandamientos de Cristo, sonando en nuestros oídos, escritos ante nuestros ojos y tenemos el conocimiento de ellos. Pero esto no es suficiente. Si quisiéramos aprobarnos a nosotros mismos como cristianos, debemos guardarlos. Teniéndolos en nuestra mente, debemos mantenerlos en nuestro corazón y en nuestra vida. Cristo considera como sus discípulos a aquellos que lo aman. No a los que tienen el mayor ingenio y saben hablar por él, sino los que guardan sus mandamientos. Tenga en cuenta que la evidencia más segura de nuestro amor por Cristo es la obediencia a las leyes de Cristo. Tal es el amor de un súbdito a su soberano, un amor obediente, respetuoso, una conformidad con su voluntad y satisfacción con su sabiduría.Matthew Henry (Comentario sobre la Epístola de Juan)
Concluyendo:

Amar a Jesús se manifiesta en algo concreto. No es solo palabras bonitas. El que ama a Cristo Jesús lo demuestra cumpliendo su palabra; lo que nos pide en el evangelio. El que vive así es amado por el Padre, ya que Jesús promete que vivirá en él junto con el Padre.

Es fácil de entender y saber con precisión como autoevaluar la calidad de nuestra pertenencia y fidelidad a Dios, no se necesitan ni muchos doctorados ni grandes y detalladas tesis; simplemente mirar quién o quiénes están en el centro de nuestras preocupaciones y ocupaciones diarias.

Jesús dice:

el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. (v. 21)
y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (v.23)

¿Cómo experimentas esta promesa?

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