EL PERDÓN DE LOS PECADOS – Hechos 13:38-43

Meditación bíblica sobre Hechos 13:38-43 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

El día de hoy seguiremos con el estudio del Libro de los Hechos. Hemos estado hablando del trabajo de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y estando ellos allí, fueron a la sinagoga, y Pablo, siendo exhortado a hablar, así lo hizo, iniciando por los patriarcas hasta llegar al clímax de su narrativa, dejando bien claro que Jesús fue el Mesías prometido por Dios, y que este Mesías fue crucificado por ellos, dando cumplimiento a todo lo que de él se había profetizado. Finalmente, por medio de este sacrificio y la resurrección del Señor Jesús, ahora Pablo les revelaría lo mejor de las buenas nuevas.

Y esto es la revelación que había sido hecha a sus padres. Y para esto daremos lectura a Hechos 13:38-43. Dice así:

Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:

Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare.

Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios.

El pueblo de Israel sabía que infringía la ley y que no podía lograr su propia justificación.

Así, ahora, Pablo les da -a ellos y a nosotros- una de las mejores noticias de las buenas nuevas del Evangelio, que es el perdón de pecados y la justificación por fe.

Por esto, el mensaje de Pablo es muy evidente en cuanto a la justificación por fe, como el centro de la doctrina cristiana y el mensaje principal del libro de los Hechos.

El creyente contaba ahora con dos bendiciones que la ley nunca pudo proveer, perdón de pecados y la justificación ante el trono de Dios.

Y algo más, Pablo cita a Habacuc como recordatorio del mismo rechazo que tuvo Israel ante la advertencia del juicio de Dios que ejecutaría por medio de Babilonia. Por último, tal fue el interés de los de Antioquía por estas buenas nuevas que la petición para que Pablo y Bernabé le siguieran instruyendo fue una rogativa.

Les rogaron, tanto judíos como gentiles y prosélitos. Sin duda, muchos de ellos verdaderamente creyeron y recibieron la gracia de Dios.

Este es el poder del Evangelio. Termino citando a el mismo apóstol Pablo en Romanos 1:16, que dice:

Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para la salvación, a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego.

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