LA VOLUNTAD DE DIOS – Hechos 21:1-14
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Meditación bíblica sobre Hechos 21:1-14 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Hemos estado hablando acerca de la labor pastoral, una labor que se lleva a cabo en la Iglesia de Dios y del Señor Jesucristo, labor que exige compromiso, preparación y responsabilidad, y todo esto ha de hacerse de una manera genuina y total. Ahora seguiremos adelante con la meditación del día de hoy. La voluntad de Dios.
Y para esto daremos lectura a Hechos 21:1-14. Dice así:
“Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos. Al avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí. Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos. Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas. Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro y arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo,quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén. Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.”
Amén, hasta ahí la lectura.
A través de esta lectura, como también el final del capítulo anterior, podemos notar el evidente cariño que tenían los hermanos por Pablo, y lo difícil que resultaba despedirse de él, pues el mismo Pablo les decía que no volverían a verse. Así, finalmente, haciéndose notar Lucas, como parte del grupo que viajaba con él, nos dice que después de algunas paradas, navegando de Mileto a Cos, luego a Rodas, y de allí a Pátaras, hallaron un barco que iba directo a Fenicia. Luego, en el versículo siete, dice que completaron su viaje navegando de tiro a Ptolemaida y de ahí a Caesarea, en donde estuvieron en casa de Felipe el Evangelista, esto para distinguirlo de Felipe el Apóstol. Este Felipe fue uno de los diáconos elegidos que vemos en Hechos 6, junto con Esteban, Prócoro, Nicanor, Timón, etc. Lucas también nos dice que este diácono, Felipe, tenía cuatro hijas, las cuales eran profetisas. Sin duda, esta fue una reunión muy interesante, pues tanto Felipe, compañero de Esteban, como Pablo, fueron testigos de la muerte de Esteban. Pablo, quien en aquel entonces era llamado Sablo. Quizá esta reunión pueda ser toda la información descrita en Hechos 6 y 7. Ahora bien, algo más de lo que sí estamos seguros, es la profecía que se le dice a Pablo.
Ahora bien, algo más acerca de lo que sí estamos seguros, es lo que menciona ahí Lucas acerca de este profeta llamado Agabo, alguien a quien Pablo ya conocía cuando se dio la hambruna en Judea, que se narra en Hechos 11 del 27 al 30. Así este profeta Agabo le dio su mensaje, atándose las manos y los pies con el cinturón de Pablo, diciéndole, así dice el Espíritu, así te atarán en Jerusalén. Esto confirmaría lo que Pablo habría de hacer, y sin importar los ruegos de todos ellos, Pablo les expresó que estaba dispuesto no sólo a ser atado, estaba determinado a morir por el nombre del Señor Jesús.
Este pasaje nos enseña, sin duda, que la preocupación de sus amigos, como sus sentimientos por Pablo, era genuina y sincera, como también humana. Sin embargo, antes que todo ello, lo primero es hacer la voluntad de Dios. El mismo Señor Jesús nos da muestra de esto, cuando estuvo en el huerto de Getsemaní, y orando al Padre dijo, Si quieres, pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya (Lucas 22-42). Pablo supo imitar los pasos del Señor Jesús. Algo que si Dios decide, al igual que Pablo, llevar a cabo en nosotros, roguemos a Dios que nos revista con poder, para así salir victoriosos de la prueba.
