LA AUTORIDAD QUE SIRVE
En la vida de la iglesia, pocas palabras generan tanta incomodidad como la palabra autoridad. Tal vez sea porque hemos visto cómo se usa mal, o porque la relacionamos con imponer, controlar o pensar que alguien no se equivoca. Sin embargo, al leer la Biblia, encontramos que la autoridad espiritual no viene del poder humano, sino del llamado de Dios para cuidar a su pueblo con amor, humildad y responsabilidad.
En el Nuevo Testamento, los ancianos (también llamados pastores u obispos) reciben una tarea que no se puede tomar a la ligera: cuidar, proteger y enseñar a la iglesia bajo la autoridad de Cristo. Ellos no son dueños del rebaño; son siervos encargados por el verdadero Pastor.
Pablo lo deja claro en Hechos 20:28: “Por tanto, miren por ustedes, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo los ha puesto como obispos, para cuidar la iglesia del Señor, la cual él ganó con su propia sangre.” La autoridad del anciano no viene de que alguien lo elija o de habilidades personales, sino del Espíritu Santo que lo coloca en ese lugar. Su primera responsabilidad es cuidar: estar atentos, proteger y acompañar.
La Biblia también muestra que los ancianos ejercen un liderazgo real. En 1 Timoteo 5:17 se habla de los que “gobiernan bien” y se esfuerzan en enseñar y predicar. Su autoridad se nota al guiar, corregir, enseñar y mantener a la iglesia enfocada en la verdad del evangelio.
Pero esta autoridad no es absoluta ni autónoma, siempre está sometida a la Palabra de Dios y al carácter que Él pide. Por eso en 1 Timoteo 3:1-7 se ponen requisitos claros: ser íntegros, tener dominio propio, ser hospitalarios y tener madurez espiritual. La autoridad bíblica nunca se sostiene sin buen carácter.
Hebreos 13:17 invita a la iglesia a obedecer y someterse a sus líderes, no porque sean perfectos, sino porque “velan por vuestras almas” y darán cuentas a Dios. La sumisión cristiana no es ciega ni pasiva; es una respuesta voluntaria a un liderazgo que sirve, ama y se sacrifica.
Cuando la iglesia reconoce el trabajo de sus ancianos (como dice 1 Tesalonicenses 5:12-13) no está exaltando a personas, sino honrando el plan de Dios para su pueblo.
La autoridad de los ancianos nunca debe convertirse en dominio o imposición. Jesús mismo lo dejó claro: “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20:25-26). Pedro también lo reafirma, los ancianos deben pastorear “no como teniendo señorío, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:1-3).
La autoridad cristiana es una autoridad que se arrodilla para lavar pies.
Cuando los ancianos ejercen su autoridad con humildad, y la iglesia responde con confianza y oración, el cuerpo de Cristo crece sano. La autoridad bíblica no oprime: protege. No controla: guía. No exige: sirve.
En un tiempo donde la palabra “autoridad” suele generar desconfianza, la iglesia puede mostrar un camino diferente: el camino del liderazgo que refleja a Cristo.
IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 15 de marzo 2026.
