APROBADOS POR LA VERDAD

Muchos creyentes se desaniman al ver tantas opiniones distintas sobre la Biblia, e incluso enseñanzas que claramente se apartan de la verdad. Pero, en realidad, esto no debería sorprendernos. La Escritura misma anunció que esto ocurriría, y lejos de debilitar nuestra fe, debería confirmarla. Pablo lo dice claramente en 1 Corintios 11:19: “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.” 
La palabra “disensiones”, que hoy casi no usamos, traduce el término griego haíresis, del cual proviene “herejía”. Es decir, la existencia de enseñanzas desviadas no es una falla del plan de Dios, sino un escenario donde se revela quién permanece fiel.
Es cierto que resulta frustrante leer en la Biblia que debemos ser uno, porque tenemos un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Todos deberíamos hablar lo mismo. Sin embargo, la realidad cotidiana nos muestra que donde hay tres personas, suele haber tres opiniones distintas. Si para un cristiano ya es difícil discernir, no podemos culpar a los no creyentes por sentirse confundidos o incluso alejarse sin saber qué pensar.
Los aprobados, los que permanecen en la verdad, deberían resaltar entre la multitud. Su luz debería ser tan clara que opaque cualquier sombra. El amor de los santos debería desbordar. Nuestra unidad sería algo hermoso ante la mirada de un mundo cansado de conflictos.
Pero, lamentablemente, no siempre es así. ¿Por qué?
Tal vez los que han sido aprobados han aprendido a convivir con los errores. Tal vez hemos permitido que se enseñen doctrinas que, en el fondo, sabemos que no glorifican a Cristo. Cuando se advierte sobre el engaño, siempre hay quien acusa de estar juzgando. Por temor a ser criticados, preferimos guardar silencio. Así, dejamos que otros sigan en sus falsedades, se equivoquen e incluso se alejen, solo por evitar incomodar. Sin embargo, ¿no nos instruye la Escritura a señalar a quienes provocan divisiones? (Romanos 16:17)
No existen zonas grises en la verdad de Dios; existen personas que viven en gris. El Espíritu Santo vino para guiarnos a toda la verdad, no a verdades parciales ni a versiones alternativas de lo que Dios dijo. La verdad es la verdad. Que tú o yo no la conozcamos plenamente no la vuelve ambigua. Si algo no está claro, nuestro deber no es relativizarlo, sino buscar, estudiar y orar hasta que el Señor nos dé entendimiento.
Decir “esto es una zona gris” suele ser una excusa para no profundizar. Dios es luz, y en Él no hay sombra de variación. Si no hay ambigüedad en Él, ¿por qué habría ambigüedad en su Palabra?
¿Está Dios confundido acerca de algún asunto? Dios no diría: “No estoy seguro de lo que quise decir, así que cada uno lo interprete como quiera”? Si pensamos así, lo que está confuso no es Dios, sino nuestra visión de Él.
Él es la verdad. En Él no hay duda sobre lo que es correcto o incorrecto, verdadero o falso.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 10 de mayo 2026.

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