EL NAUFRAGIO DE PABLO – HECHOS 27:21-44
Meditación bíblica sobre HECHOS 27:21-44 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Seguimos con el libro de los Hechos. Pablo ha iniciado su travesía a Roma junto con otros prisioneros, pero Pablo no va solo, con él viajan Aristarco y Lucas, y con todos ellos inicia su travesía a Roma.
Un viaje que inicia con dificultades, y que sería un presagio de todos los peligros que vendrían, pasando por fuertes tormentas, pérdida de la carga y días de oscuridad, que los llevó a perder la esperanza de salvar la vida, y todo por no escuchar la advertencia de Pablo. Ahora seguimos adelante con la meditación de este día: El naufragio de Pablo, y esta está basada en Hechos 27, del 21 al 44. Lo difícil de la tormenta ha ocasionado que pierdan toda esperanza por salvar la vida.
Sin embargo, un mensajero de Dios se le aparece a Pablo para decirle que cobren ánimo, que las pérdidas solo serán materiales y no humanas. Hoy día es poco probable que tengamos estas visiones. Lo que con toda seguridad sí tenemos son las promesas de Dios dadas en su palabra.
Como por ejemplo, en Isaías 41:10, que dice:
«No temas porque yo estoy contigo. No desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerza y siempre te ayudaré y siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.»
Dios nos habla en su palabra, nos anima y nos conforta.
Y así, por causa de Pablo, Dios tuvo cuidado de toda la tripulación, 276 personas. Pues Pablo debía comparecer ante César. Aunque no faltaron los que egoístamente quisieron aprovechar la oportunidad de escapar del barco, y otros solo esperaban que sucediera lo mejor.
Mientras que Pablo mostró su confianza en Dios, obedeciendo su voluntad. Sin duda, Pablo fue un gran ejemplo para todos ellos, haciendo notar su fe y confianza en Dios. Así ahora Pablo se alista para las demandas del amanecer, dado lo difícil de la navegación.
Todos habían ayunado esas dos semanas y después de la promesa de Dios, que dice: «Pues ni aun un cabello de la cabeza de vosotros perecerá» (Hechos 27:34). Ahora era tiempo de comer. Pablo tomó el pan y públicamente oró y dio gracias a Dios y comió.
Y los demás, teniendo mejor ánimo, también comieron. Después nuevamente echaron trigo al mar. Finalmente, cuando fue ya de día, encallaron en una isla que no reconocían.
Y debido a la fuerza de las olas, la popa se rompió. Entonces los soldados, queriendo evitar que alguno huyera, quisieron matarlos, pero el centurión se los impidió, queriendo salvar a Pablo. Así que los que sabían nadar se echaron al mar, y el resto en las tablas del barco arrancadas por las olas.
Y todos salvaron su vida llegando a tierra firme. Esta travesía nos lleva a reflexionar en algunos puntos importantes. Las tormentas de la vida suelen revelar el carácter de las personas: desesperanza e incertidumbre, o confianza y obediencia en Dios.
También, aun en las peores tempestades, Dios cumple su propósito, dándole a Pablo una palabra de seguridad. Y por último, las tormentas pueden darnos la oportunidad de servir y dar testimonio a otros de nuestra fe y confianza en Dios y en su Hijo Jesucristo. Pablo fue un gran ejemplo para todos ellos cuando una persona tiene fe en Dios.
Pablo demostró que tenía una comunicación con el Todopoderoso, que sabía orar y que confiaba plenamente en Dios. Algo que todo fiel creyente debe practicar.
