LA LUCHA QUE ENFRENTAMOS – 2 Corintios 10:4-5
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Meditación bíblica sobre 2 Corintios 10:4-5 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
La semana pasada hablamos de la ansiedad y la mejor forma de combatir los pensamientos de ansiedad es reemplazándolos por pensamientos positivos.
El miedo o la inseguridad es algo que el enemigo usa y nos hace dudar del poder de Dios. Así el apóstol Pablo nos dice que los reemplacemos y pensemos en todo lo verdadero, lo justo, lo puro y lo que es digno de alabanza, y todo esto lo encontramos en nuestro Señor Jesucristo. Ciertamente, la ansiedad es mucho más que sentirse inquieto, nervioso, preocupado o con temor. El problema con estos sentimientos es que pueden iniciar como algo muy pequeño, pero pueden escalar hasta provocar un ataque de ansiedad.
El enemigo es especialista en esto, así que no es algo que debamos tomar a la ligera, pues esta lucha no solo es mental y emocional, también es espiritual. Así que hoy hablaremos de la lucha que enfrentamos. Segunda de Corintios 10:4-5 dice: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.
El apóstol Pablo nos enseña en estos versículos que las armas con las que Dios nos ha dotado para esta lucha no son carnales. Dios nos ha dado de Su Espíritu para luchar con el poder de Su Espíritu y en la fortaleza de Su Hijo Jesucristo. El enemigo contra el cual luchamos es sumamente astuto y busca cómo mantenernos cautivos en esta fortaleza que Él ha construido en nuestra mente.
Así que lo primero que debemos hacer es que, sabiendo que las armas para nuestra lucha son el poder del Espíritu de Dios, identifiquemos estos pensamientos negativos y derribémoslos alineando nuestro pensamiento a la Palabra de Dios y llevándolos cautivos a la obediencia de Cristo. En la medida en que revisemos cada pensamiento y escudriñemos a la luz de la Palabra de Dios, podremos entregarlos a Cristo, negándonos a aceptar pensamientos negativos. Recordemos que el campo de batalla espiritual del enemigo es nuestra mente, así que debemos aprender a discernir nuestros pensamientos y, una vez identificados, derribarlos y expulsarlos.
El poder de Dios y la guía del Espíritu Santo están a solo una oración de distancia para ayudarnos en los momentos de lucha. No creas en aquellas falsas fortalezas del enemigo, sino en las promesas de la Palabra de Dios. Termino con lo que dice Isaías 26:3: “Tú guardarás en completa paz aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado”.
Dios puede mantener nuestra mente, corazón y espíritu en completa paz, si nos mantenemos pensando en él.
