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LA CARRERA DE LA FE CON LOS OJOS PUESTOS EN JESÚS

En el libro de Hebreos, hemos visto en este mes solemnes advertencias y gloriosas promesas. El autor bíblico sintetiza toda la vida cristiana usando la imagen de una carrera de resistencia como metáfora inolvidable. No se trata de un esprint rápido ni de una competencia individualista, sino de un maratón que exige constancia, esfuerzo sostenido y, sobre todo, una dirección clara.
La Escritura nos advierte que no podemos correr con soltura si insistimos en cargar con equipaje innecesario. Por eso, nos llama a despojarnos de «todo peso y del pecado que nos asedia» (Hebreos 12:1). A menudo, lo que frena nuestro avance no es solo el pecado abierto, sino «pesos» lícitos que han ocupado un lugar desmedido en nuestro corazón, como preocupaciones excesivas, afanes o la búsqueda de comodidad terrenal. Este proceso de santificación requiere la valentía de identificar aquello que entorpece nuestra marcha y dejarlo a los pies de la cruz.
Correr con paciencia sería una empresa imposible si intentáramos hacerlo en nuestras propias fuerzas o de forma aislada. Dios nos ha colocado dentro de una comunidad, y esa es la iglesia local. La Confesión de Fe de Westminster enfatiza la comunión de los santos como un deber sagrado para la edificación mutua (Cap. 26). Por ello, el autor nos exhorta: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre» (Hebreos 10:24-25). La asistencia al culto y la vida comunitaria no son compromisos opcionales; son el combustible ordinario que Dios utiliza para que ningún creyente desmaye en el camino.
Por encima de todo, la clave para perseverar no reside en nuestra propia determinación, sino en el objeto de nuestra fe. El pasaje nos ordena correr «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2).
Si miramos nuestras propias debilidades, nos invadirá el desaliento; si miramos a los demás, nos distraeremos; pero si contemplamos a Cristo, su obra perfecta en la cruz, su intercesión triunfante en el cielo y su promesa de regresar, hallaremos el socorro y la renovación necesarios para no desmayar. Él inició la obra de gracia en nosotros y Él mismo se encargará de llevarla a un término glorioso.
En este último domingo de la serie, te animamos a evaluar el rumbo de tu vida. ¿Hacia dónde están dirigidos tus ojos? ¿Estás corriendo esta carrera en comunión con tus hermanos de pacto?
Renovemos hoy nuestro compromiso con la iglesia local y despojémonos de todo peso. Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, confiando plenamente en Jesucristo, el Gran Pastor de las ovejas, quien nos sostiene y nos guiará victoriosos hasta la meta celestial.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 27 de septiembre 2026.

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