EL PECADO DEL ORGULLO – ISAÍAS 14:13-14
Meditación bíblica sobre ISAÍAS 14:13-14 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Hemos estado hablando de cómo en nuestro caminar con Dios enfrentamos luchas, luchas emocionales, mentales y espirituales. El apóstol Pablo nos enseña a través de la Escritura a enfrentar estas luchas, alineando nuestros pensamientos a la Palabra de Dios, escudriñándolos a la luz de la Palabra e identificando lo que el enemigo busca levantar en el corazón del creyente y derribar todo pensamiento negativo que pueda causarnos afán o ansiedad.
Asimismo, Cristo nos ha llamado a ser luz, viviendo con integridad, siendo luz en un mundo de tinieblas. También a ser la sal de esta tierra, es decir, a preservar lo bueno y que nuestra vida y acciones den testimonio de nuestra fe y confianza en Dios y su Hijo Jesucristo, llegando a ser un creyente que espera, confía y se mantiene firme en el Señor. Sin duda, todo esto nos da seguridad, seguridad en Cristo y por Cristo.
¿Pero qué pasa si esta seguridad y confianza llegara a desvirtuarse, volviéndose una malentendida seguridad y confianza solo en uno mismo? Si esto llega a suceder, se puede caer en el pecado del orgullo. Isaías 14:13-14 dice:
Pero tú dijiste en tu corazón: «Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte. Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo”. LBLA
Esta porción de la Escritura habla del rey Belsasar de Babilonia, un hombre cuyo orgullo lo llevó a compararse con el Altísimo.
Este pecado de orgullo, más temprano que tarde, tuvo sus consecuencias. El orgullo del rey Belsasar lo llevó a su destrucción ante Darío de Media, cuando capturó Babilonia. El orgullo, sin duda, es un pecado y nos lleva a pensar demasiado alto de uno mismo, poniéndose por encima de los demás, creyendo que uno puede resolverlo todo, que se tienen todas las respuestas y que no se necesita guía alguna.
Para una persona así no hay lugar para Dios. Mira hacia abajo, sintiéndose muy por encima de los demás; difícilmente mira hacia arriba. Se pregunta: ¿Acaso hay algo más alto? El orgullo te ciega, no dejándote ver la grandeza de Dios, la cual es infinitamente más alta.
Así, al reflexionar quién es Dios y quién es el hombre, queda manifiesto lo absurdo que es compararnos con el Dios Altísimo. Ahora bien, vale la pena aclarar que a veces uno puede sentirse orgulloso y satisfecho por los logros obtenidos, pero reconociendo que aquellos logros son por los talentos que Dios nos ha dado, teniendo por ciertísimo que lo bueno que podemos hacer no se comparará con lo que Dios hace. Nuestros logros siempre han de ir de la mano con un corazón agradecido, que reconoce, confía y espera en Dios.
