El verdadero regalo de la Navidad – Lucas 1:67-79
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Meditación bíblica sobre Lucas 1:67-79 por el Pbro. Pedro Arcos Sánchez
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Nuestra meditación de este día es Lucas 1:67-79
Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
Estamos en la época navideña, una época caracterizada por cánticos, fiestas, etc.
Es una época para cantar, y es interesante que el nacimiento de Jesús fue precedido por cánticos o himnos de alabanzas. Hay tres de ellos en el Evangelio de Lucas. El primero es el himno de María llamado el Magnificat, el cual comienza diciendo, engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Y el segundo que tenemos es el himno profético del sacerdote Zacarías, conocido históricamente como el Benedictus. Se llama así porque la primera palabra de este himno es la traducción de la Biblia latín, conocida como la Vulgata. Ella comienza diciendo, benedictus esto dominus Deus Israelis, que significa bendito sea el Señor Dios de Israel.
Zacarías, al igual que María, nos recuerda que esta época navideña es una de adoración a Dios, que por encima de cualquier regalo que podamos recibir, hay un regalo que sobrepasa a los demás. Y al entender lo que ese regalo es y significa, nos debe llevar también a adorar a nuestro Dios. ¿Qué podemos aprender del Benedictus de Zacarías? Por lo menos tres cosas de suma importancia.
Número uno, Dios merece alabanza. Así comienza este himno profético, verso 68, bendito el Señor Dios de Israel. Zacarías, lleno del Espíritu Santo, es decir, habiendo recibido una unción adicional del Espíritu Santo, profetiza o predica acerca de Jesús y de su hijo, Juan el Bautista.
Y lo primero que hace es alabar a Dios por la salvación. Esto es maravilloso. ¿Por qué? Porque Zacarías acaba de ponerle nombre a su hijo al ser circuncidado.
Y lo lógico sería adorar a Dios por el privilegio de ser padre, aun en la vejez. Pero Zacarías no hace eso. Él adora a Dios por la salvación que Dios va a cumplir y que Zacarías ya da por cumplido por medio del Mesías, al decir en el verso 68 que ha visitado y redimido a su pueblo.
Él habla en tiempo ¿Por qué? Porque para Zacarías no hay duda alguna de que Dios rescatará a su pueblo. Dios salvará sin lugar a duda a su pueblo. Y esto es materia de adorar a Dios.
Mira lo que hace Zacarías por encima de todos los demás, por encima del nacimiento del hijo que Dios le ha dado. Zacarías mira a la salvación que Dios ha provisto a su pueblo y adora a Dios. Hermanos, esta época navideña debe ser una época de adoración a Dios por encima de todos los demás, por encima de cualquier regalo.
El regalo de la salvación para el mundo entero debe ser el motivo principal para adorar a nuestro Dios. Así que Zacarías comienza su himno profético alabando a Dios. ¿Por qué? Porque Dios ha visitado su pueblo, dice el verso 68.
Bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo. El pueblo de Dios ha tenido el privilegio de que Dios le visite nuevamente, aunque Dios puede visitar a su pueblo para juzgarlo por sus pecados. Zacarías nos dice que Dios los ha visitado para redimirlos, para rescatarlos.
Y esto es algo importante, hermanos. Por cuatrocientos años no había voz profética en Israel. Dios no había levantado un profeta por cuatro siglos.
Así como Zacarías estuvo mudo por nueve meses, Dios estuvo callado por cuatrocientos años. El pueblo pudo haber pensado, Dios se olvidó de nosotros. Él nos ha desechado.
Ya no hay salvación ni esperanza para nosotros. Pero luego de cuatrocientos años de silencio profético, Dios envía un ángel a Zacarías con la promesa de un hijo. Y en voz profética, Zacarías dice, bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo.
Hermanos, no hay salvación a menos que Dios esté en medio nuestro. Y nos dice más, nos dice que lo que movió a Dios a venir para redimir a su pueblo fue la misericordia de Dios. Eso es lo que dice dos veces en el verso 72, dice, para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su pacto, el verso 78, por la entrañable misericordia de nuestro Dios con que nos visitó.
Desde lo alto, la aurora. Dios viene a salvar, pues, a su pueblo, no porque lo merecen, no porque se lo han ganado, sino por la misericordia y compasión de Dios. Dios es un Dios de entrañable misericordia.
Aunque su pueblo no merece la salvación, ni jamás podrán comprarla, ni ganarla. Dios, por su entrañable misericordia, vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Zacarías dice más, Dios ha visitado a su pueblo por su fidelidad al pacto de David y Abraham.
El verso 69 dice, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David, su siervo. El 73 dice, del juramento que hizo Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder. ¿Qué significa esto? Significa que la venida de Cristo fue en cumplimiento de las promesas que Dios hizo a Abraham y a David.
Dios le prometió a David que su descendencia, según la carne, vendría un rey y cuyo reino no tendría fin. Que sobre el trono de David se sentaría un rey justo, poderoso, compasivo, que aseguraría la salvación de su pueblo para siempre. Un rey que nadie puede derrotar.
Hermanos, todo regalo navideño se puede perder, se puede dañar, puede perder su valor. No así Jesús. Él es el regalo más valioso del mundo, que no se puede perder, que no se puede dañar y que jamás pierde su valor.
Porque Zacarías adora a Dios, en primer lugar, porque Dios ha visitado a su pueblo y, en segundo lugar, porque Dios ha traído salvación. Tres, porque ha traído salvación. Fíjate lo que dice el versículo 69, y nos levantó un poderoso Salvador.
¿Quién es ese? Ese es Jesús. Todos los versículos del 67 al 75 tratan de Jesús. Zacarías adora a Dios porque en Jesús Dios nos ha dado un poderoso Salvador.
Hermanos, Jesús es un poderoso Salvador. Él no es un debilucho. Su muerte no fue la desgracia de una persona que padeció por la corrupción del gobierno romano.
Él vino a dar su vida para rescatar a muchos. Nadie le quitó su vida, sino que él voluntariamente la dio. Él tenía poder para darla y poder para retomarla de nuevo por sí mismo.
Jesús es un poderoso Salvador, porque sólo Él nos da luz. Jesús es llamado aquí la aurora, dice el verso 78, por la increíble misericordia de nuestro Dios con que nos visitó desde lo alto de la aurora. La aurora es la primera luz después de la oscuridad de la noche.
Jesús, esa luz que quita la oscuridad en el mundo. Sin Jesús estamos en tinieblas. Estamos en la oscuridad.
Juan el Bautista vino, nos dice Zacarías, desde el versículo 76 en adelante para decirle al mundo que Jesús vino, en el verso 79 dice, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte. El mundo está en tinieblas. Sin Cristo el mundo entero permanece en las tinieblas, aunque tenga luz eléctrica.
Si no tienes a Cristo como tu Dios y Señor, estás en tinieblas y permanecerás en tinieblas. Jesús es un poderoso Salvador, porque sólo Él nos da la paz. Ese fue también el mensaje de Juan el Bautista con respecto a Jesús y para encaminar nuestros pies por camino de paz.
Sin luz no sabemos por dónde ir. Sólo Cristo puede guiar nuestros pies por camino de paz. Paz para con Dios.
Paz para con nuestro prójimo. Paz en nuestra familia, con nuestros esposos, esposas, hijos. Paz con la vida.
Paz con nosotros mismos. Cristo es nuestra paz. La única respuesta sensata es creer en el Evangelio, es recibir a Cristo como la orada de tu vida, es rendirte a sus pies como el único que puede rescatarte del pecado, de Satanás, de la ira de Dios.
Eso es importante y es serio. Si no rechazas la misericordia de Dios, si no crees o rechazas la fidelidad de Dios, si no crees, sigues bajo el dominio de tus enemigos. Si no crees, no tendrás luz en tu vida.
Si no crees, no tendrás paz jamás. Ven a Cristo, amigo mío. Ven a Cristo, mi hermano.
Esa es la única respuesta sensata a la misericordia de nuestro Dios. Dios les bendiga. Hasta pronto.
